¿En qué consiste?


El trabajo que presentamos ha seguido un recorrido inverso a las propuestas que llegan a la escuela desde la teoría pedagógica:

Nació  en la práctica  áulica,  fue  generado por la intuición y creció en el contacto vivo con los alumnos, en clases dedicadas a la lectura e interpretación de textos. Desde allí,   ha intentado tender un puente entre los resultados obtenidos al aplicar lo que se vio como una nueva estrategia de comprensión lectora- creada con y para los alumnos-   y los principios teóricos que explican por qué los chicos la adoptan y leen más  profunda y reflexivamente,  utilizándola.

Invita al lector a crear  símbolos por medio de los cuales representa su propia captación de los significados textuales y la representación interna que hace  de los mismos,  y tan atractivo resulta el juego creativo que propone, y tan buenos efectos de exploración y comprensión textual que los lectores se vuelcan entusiastamente a su práctica  y la van  enriqueciendo, abriendo  nuevas posibilidades.

Practicada por su creadora durante años en los primeros cursos de la escuela secundaria, hoy E.G.B.2  ,  y divulgada y extendida  al nivel   primario por múltiples docentes que asistieron a sus cursos y la adoptaron, todas las prescripciones de la política educativa actual, las  de las ciencias del lenguaje y la pedagogía del aprendizaje  van  ratificando  las bondades de su aplicación.

Su aplicación asegura que el leer sea un acto pleno, reflexivo y profundo. Y, sobre todo,  que los alumnos quieren leer más, inventar imágenes simples que representan sus hallazgos, presentarlas, cotejarlas y defenderlas para terminar comentando por escrito u oralmente lo que, ahora sí, comprendieron.


Leer y comprender... la vida


En el mes de marzo del año 2000, el diario mexicano EL HERALDO me publicó una nota titulada “Elevar el nivel de comprensión lectora”, en la que desarrollaba la explicación del llamado TRIÁNGULO DE LECTURABILIDAD, difundido por una revista española.
     Dado que la problemática de la  comprensión de textos de cualquier soporte, se ha agudizado en nuestro país con su negativa incidencia en todo el aprendizaje, mientras, por otro lado las neurociencias aportan datos científicos sobre los beneficios cerebrales de la lectura concentrada y profunda,  consideramos importante que se conozca en qué consiste este triángulo representativo de los grados de comprensión lectora posibles de lograr.      Los grados son como escalones, a través de los cuales puede desplazarse y ascender el  lector a medida que agudiza y profundiza su comprensión de un texto.
      Consideramos que toda actividad humana y no sólo leer  una publicación escrita en un libro o en una pantalla de la computadora, de la TV o del teléfono, sino también  una conversación, exige lectura e interpretación, para poder responder y actuar. De manera que, con la idea de que leer es ver lo que la vida, el mundo de relaciones y la naturaleza ofrecen a nuestra interpretación y necesidad de elección, se descubre la fundamental importancia de ver más y mejor, ampliar los paradigmas mentales, llegar más lejos en el tiempo y en el espacio con una mayor capacidad interpretativa.
    El triángulo de lecturabilidad- bien pudiera ser una pirámide- visualiza cómo  la mayor población lectora- en la base del triángulo- va disminuyendo a medida que asciende a estadios superiores la capacidad interpretativa.
     Imaginemos un triángulo dividido por líneas horizontales en tantos estadios como siguen:
      En la base, el estadio 1°,  de mayor superficie, se encuentran los individuos que han superado el analfabetismo y dominan la lectura mecánica. Son los más.  Allí, los lectores cuya atención se concentra en lo anecdótico, allí, los que se interesan en los sucesos fuertes, catástrofes, accidentes, muertes, violencia que hilvanan un  argumento.
    En el que sigue, el 2° están los que suman a las anteriores habilidades la demarcación y separación en apartados o secuencias y la cohesión de la trama cuya urdimbre forma un macrotexto.
     Los que llegan al 3° estadio enfocan su atención en lo principal distinguiéndolo de lo periférico o secundario. Pueden descubrir un tema central que es adonde se focaliza una clara lectura.
    Llegando al 4° estamento el lector suma la degustación de la forma, es decir la valoración de la riqueza expresiva y el empleo de recursos literarios. Apreciar lo estético afina su sensibilidad.
    Más agudos, más enriquecidos, los escasos lectores que arriban a la altitud del 5° estamento, elaboran juicios críticos personales.
    Y llega una minoría al estadio superior,  el 6°. Son aquéllos que seleccionan textos, libros, programas televisivos, películas, altamente significativos y logran enriquecedoras transferencias a su propia vida.    
     Si invirtiéramos el triángulo (continúe imaginando el lector) y pusiéramos su vértice orientado  hacia abajo,  encontraríamos que estos últimos exploradores textuales llegan a una mayor  profundidad, pudiendo descubrir intenciones ocultas, leer entre líneas y exprimir al máximo y en su beneficio, los jugos enriquecedores del texto.
    Por el lado opuesto, en el extremo, los lectores del estadio primario, nadan en la superficie, eligen de las noticias diarias aquéllas que sacuden una adormecida existencia y buscan motivos conmocionantes. Este lector privilegia los sucesos, los argumentos, el relato, aunque la línea argumental esté entrecortada, aunque los nexos sean débiles, aunque la cohesión textual  se disgregue entre palabras estruendosas. Las notas dispersas y altisonantes los atrapan aunque no alcancen a unir sus significados, es decir aunque nada digan, nada signifiquen. Para ellos los golpes bajos de programas televisivos de alta audiencia; para ellos los discursos aparentemente valientes con un alto voltaje de superficialidad; para ellos la conmoción estremecedora de un suspenso que al final del capítulo  poco tiene que ver con el siguiente.
      Y son tantos los pobladores de este estadio, son tantos los que se dejan llevar por las olas de argumentos arrebatadores que su interés genera una industria editorial con superproducción de textos llamativos por su liviandad que logran un éxito efímero para culminar en poco tiempo en mesas de saldos.
     Hay diferentes grados de lecturabilidad y es bueno saberlo porque una vez ubicados en algún estadio tenemos la posibilidad de ascender al que le sigue, transformarnos en lectores más exigentes, los  que se dejan llevar sólo cuando las palabras se mueven en un sentido, cuando el argumento tiene cohesión, cuando todo enfoca a un tema central y los  nexos suman motivos en párrafos concatenados, reales y vigorosos porque las palabras se van soldando en una prosa fluida, rica y genuina.
   Y qué bienestar siente el lector que es capaz de elaborar su propio juicio crítico. Cuánta revolución interna provoca lo que se ve, lo que se escucha, lo que se lee cuando el discurso apela a verdades expresadas con armonía y belleza.    
       Ser cada vez más agudos lectores, es decir ascender en el triángulo de lecturabilidad nos conducirá, seguramente, a exigir en todo lo que se nos ofrece política, educativa y socialmente coherencia, temas nucleares fuertes y sostenidos por lo aceptable y sustentable.    
       Y ése es el nivel de lectores que la república necesita. Con urgencia.

La lectura, el texto y la comprensión lectora

Teniendo en cuenta que:
             Leer:
  


·      Es comprender un texto.
·      Es una tarea personal, compleja, que busca encontrar el sentido que el autor le ha  dado a su obra.

La mejor lectura se hace con disposición a comprender lo que  se lee, con
atención e interés, reflexionando acerca de lo que dice el texto mediante
el manejo hábil de los recursos verbales que éste ofrece.
De la lectura depende el crecimiento interior, la ampliación de paradigmas
para superar la ignorancia, mejorar el nivel de  vida y colaborar
socialmente. ( Síntesis de lo que expresan Van Dijk, La ciencia del texto,
Visgostky, Pensamiento y lenguaje, Barcelona, Paidós y que  Magdalena
Viramonte de Ávalos   en  Comprensión lectora, Ediciones Colihue, entre
otros).  

           Y que el texto:

·      Es un producto de la creatividad de un autor- escritor y la reelaboración de un lector- intérprete que da una versión nueva del mismo, constituyendo una unidad de significado  en que las partes guardan coherencia… Un producto cultural  formado por palabras y construido por el hombre para transmitir un mensaje a través de ideas, sentimientos, inquietudes, opiniones, conocimientos, que responde a un plan de construcción  del que depende el éxito comunicativo” Según (M. Viramonte de Ävalos.


La comprensión es, por lo tanto,  un proceso estratégico interactivo
durante el cual el lector pone en juego  sus capacidades, sus
conocimientos previos y sus habilidades para construir una representación
coherente del contenido al que asigna un sentido.    (Berta Braslasvsky).

Acercándonos al método

El  trabajo que presentamos ha seguido un recorrido inverso al de los teóricos: Nació  en la práctica  áulica,  fue  generado por la intuición y creció en el contacto vivo con los alumnos, en clases dedicadas a la lectura e interpretación de textos. Desde allí,   ha intentado tender un puente entre los resultados obtenidos al aplicar lo que se vio como una nueva estrategia de comprensión lectora- creada con y para los alumnos-   y los principios teóricos que explican por qué los chicos la adoptan y leen más  profunda y reflexivamente,  utilizándola.
Esta  nueva  herramienta,  a la que hemos llamado: “NUEVA ESTRATEGIA DE COMPRENSIÓN DE TEXTOS, LEER ES VER, POR LA CREACIÓN DE IDEOGRAFISMOS” invita al lector a crear  símbolos por medio de los cuales representa su propia captación de los significados textuales y la representación interna que hace  de los mismos,  y tan atractivo resulta el juego creativo que propone, y tan buenos efectos de exploración y comprensión textual que los lectores se vuelcan entusiastamente a su práctica  y la van  enriqueciendo, abriendo  nuevas posibilidades.
  Practicada por su creadora durante años en los primeros cursos de la escuela secundaria, hoy E.G.B.2  ,  y divulgada y extendida  al nivel   primario por múltiples docentes que asistieron a sus cursos y la adoptaron, todas las prescripciones de la política educativa actual, las  de las ciencias del lenguaje y la pedagogía del aprendizaje  van  ratificando  las bondades de su aplicación.
      En las siguientes páginas intentaremos transmitirla. Para beneficio del alumno, para alegría del docente.
         Para que el leer sea un acto pleno, reflexivo y profundo. Y sobre todo, para que los alumnos quieran leer más.
         
                                                 La autora

Presentaciones del método, imágenes

Presentación del método Seppi en Biblioteca Córdoba- Córdoba, Argentina


 
Alumna docente trabajando con el método en Zapala- Provincia de Neuquén



En Neuquén, Una docente explica a sus compañeras sus hallazgos


Alumna docente explicando a sus compañeras varios trabajos en San Martín de los Andes- Neuquén.

¿Cómo se nutre la cultura adolescente?

Para que el traspaso de la edad adolescente lleve a una madurez felizmente asumida, es necesario que, reconcentrada en sí, se nutra. Al hablar de necesidad de nutrirse hablamos de necesidad de culturizarse. El ser humano se abona con cultura. Porque, ¿qué es la cultura en realidad? Se ha relacionado la palabra “cultura” con cultivar. Se cultiva la tierra para que dé mejores frutos. Se la trabaja, se la fertiliza. Se optimiza su capacidad de dar.

Cultivar en el hombre es dar conocimientos, transmitir experiencias, orientar emociones, apoyar el asomarse a la realidad personal y social; abrir el gran abanico del mundo diverso, rico, conflictivo para que cada uno, sacando lo mejor de sí, se mire en él y a él se proyecte. Cultivarse es procurarse un sentido. Madurar.

Persona culta, entonces, no es quien puede recitar memorísticamente los versos de Ovidio, ni quien puede recordar los nombres de todas las capitales del mundo, sino quien ha sabido procesar la información, aprendiendo a seleccionarla, juzgarla, interpretarla y transferirla a su vida. En una vida cultivada hay huellas del arado, de una mano de maestro jardinero, de un sol que ha intentado despertar la luz interior. Una luz que pone su foco en los mensajes, que se nutre de infinitos mensajes –cuantos más, mejor- en e amplio, infinito y nunca terminado camino de la superación personal. Porque culta es la persona que se adapta al mundo, lo cambia y cambia con él asumiéndose como ser activo y por lo tanto responsable y libre.

Y tal como sucede con los individuos sucede con las naciones, que no son otra cosa que la suma de esos individuos transformados, mediante la culturalización, en personas. La adolescencia de los hombres, de las naciones, es la etapa de transmisión que lleva al ser que se anuncia hacia el ser que se define, al ser que es mantenido al que se mantiene, al ser dependiente hacia el que realmente puede actuar con autentica libertad en una realidad que debe ser leída e interpretada. Porque la cultura de cada persona tiene que ver, y mucho, con su grado de comprensión de la realidad, con su capacidad de leerla, de interpretarla.

Cultura y grados de lectura

Según la nota de Sergio Herrero, publicada el domingo 9 de diciembre de 2001 en LA VOZ DEL INTERIOR, titulada “Mucha Internet, demasiada ignorancia”, los adolescentes del mundo, a los que se los ha llamado “analfabetos funcionales” y “generación tonta”, padecen de una “escalofriante” ignorancia sobre temas de cultura general, aunque sí conocen cómo ingresar y navegar por la vasta información que brinca Internet.
¿Caben en esta apreciación los adolescentes argentinos? En la misma nota –y siempre refiriéndose a una problemática de los países del Primer Mundo- Herrero destaca: “la gente ríe y no piensa, y lo peor de todo es que no sabe porque se ríe y por qué dejo de pensar!. Y hay más aún: “The New York Times –dice Herrero- reseñó un párrafo lapidario: uno de cada cinco de nuestros adultos carece de las mínimas habilidades de lectura, escritura y calculo para desenvolverse en la vida”. ¿Alcanza este juicio a los argentinos que han llegado a la edad adulta, aunque sólo sea por la cronología?
Tal vez nuestro país este espeluznante diagnostico se agudice. Porque en un país que todavía no aprendió a leer su propia realidad y a desenvolver por sí mismo, dándole un sentido a su andar, es muy difícil que sus componentes lo logren, que sus miembros maduren, en el sentido real del término.
Exigencias

La multiplicidad de datos, conocimientos e información que la era de la informática ofrece exige, más que nunca, que le adolescente se arme de ciertas habilidades lectoras que le permitan ejercitarse en la capacidad de seleccionar, procesar, interpretar, juzgar y transferir tanta y tan cambiante información recibida.
Sobre su capacidad de seleccionar mucho tenemos que cuestionar. Porque si “la mayoría de los adultos se ríe y solo quiere pasarla bien sin pensar”, ¿qué podemos decir de nuestros adolescentes que hacen de su vida una huida, un estar sin estar?

Subsumidos en el “ya”, los chicos están abiertos a los que les toca más la flauta de la risa. Nada de profundidad ni en el sentir ni en el pensar. La información que reciben está hecha, de esa manera, a su medida. Y si hay “mucha Internet”, cuyos sitios prohibidos se visitan sin tranqueras, hay también mucha televisión que parece hecha solo con el propósito de facilitar un escape de la realidad a las zonas risueñas, burlescas y estentóreas de una sub realidad humana.

Los tonos negros se agudizan porque la sensibilidad, dormida, quiere más, siempre más. Quiere decir, por lo tanto, que, en cuanto a selección de la información, nuestra adolescencia lectora tiene mucho que trabajar para no dejarse arrastrar por la tendencia de consumir lo fácil, lo resuelto, lo escaso de ideas, lo que desobliga del humano acto de pensar y que debe procurarse fuentes –ya sea en la televisión, en diarios, en revistas, en libros, en Internet, en la conversación cotidiana- que en la medida que demandan esfuerzos de lectura profunda van generando habilidades internas de reflexión y comprensión.

Procesar la información, todo conocimiento, exige también una atención especial. El argumento de un texto mediante el que se nos da a conocer un tema, una intención o propósito, deben ser descubiertos por el lector habilidoso a fin de desentrañar el sentido de un entramado en que la coherencia juega un papel importantísimo.

Detenerse a juzgar la información recibida define, en este proceso, una instancia capital a la que ascienden los lectores que saben lo que leen y para qué lo leen, que saben lo que ven y para qué lo ven. Finalmente, transferir a la vida personal, a las propias conductas, lo resultante de un buen acto lector, supone aquilatar, incorporar, elaborar y aprovechar –en el buen sentido del término y en dirección al crecimiento personal- la información, el conocimiento, los mensajes.


El proceso lector de la realidad y cuanto en ella puede leerse e interpretarse, representa una conducción necesaria e ineludible para alcanzar la madurez exigible al adolescente que quiere trasponer su edad y llegar a la madurez. En ello y por ello debe trabajar intensamente la familia, la escuela y todos los recursos de socialización del individuo a fin de que, por la suma de personas plenamente asumidas, nos encaminemos al logro de un país maduro. Un país que, a la vez, estimule y haga creíble la necesaria maduración de sus ciudadanos. Lo que significa empezar a ver los umbrales de zonas más iluminadas. 

¿No es hora de jerarquizar al docente?

“La educación es el principio de la libertad y engrandecimiento de los pueblos”.  Benito Juárez

En su fuero interno el gobierno,  los padres, los ciudadanos y por cierto cada uno de los agentes del  aprendizaje sabe que en las aulas- el ámbito real donde se produce el encuentro con los alumnos y se cuece el aprendizaje- la educación Argentina vive uno de sus momentos más oscuros. Se reconoce también que esta situación no va a mejorar con estentóreas declaraciones, ni con donaciones de computadoras, (si no se orienta a su empleo adecuado),  ni con llenar las bibliotecas escolares de miles de libros, (si no se motiva a los alumnos  a leerlos). No, ésas son medidas que no llegar a  traspasar la superficie.

En nuestra educación faltan medidas drásticas, profundas y esenciales. Porque, ¿cómo lograr la  motivación, convicción, fuerza., tanto de los alumnos que realmente no saben para qué ir a la escuela como de los docentes que no saben cómo conducirlos a un destino hoy tan incierto?  No hay motivación en la escuela.

Hablamos de la real motivación del docente, la que lo impulsa al cumplimiento de una auténtica vocación transmisora de saberes, la que lo lleva a trabajar con alegría sintiendo que cumple una misión realmente transformadora.

El hecho de que muchos de nuestros maestros y profesores hayan elegido la carrera como una alternativa de ingreso fácil, sin haber pasado exámenes de aptitudes que les indiquen y mucho menos les exijan las condiciones necesarias para  llegar a conducir adecuadamente el aprendizaje de los niños y adolescentes de hoy, es un claro indicador de que hay que trabajar mucho para elevar el  nivel  docente actual. 

Creemos que, sea por la causa que sea, el maestro, el profesor, en términos generales y salvo las honrosas excepciones que existen, no logra despertar en los chicos deseos de aprender, de estudiar, de investigar y que urge buscar los motivos para sanear una situación que los perjudica no sólo a ellos en el desmedro de su formación, sino a la familia y a la sociedad.

La cuestión es, entonces, cómo despertar en el docente actual un sentimiento de valor, cómo elevar su autoestima profesional en momentos en que es necesario actuar con una gran  pasión acompañada por una agradecida dignidad.

¿Cómo lograrlo? Muchos estudiosos del tema  han buscado la solución a una problemática que, en lugares más avanzados del mundo, ya ha encontrado el comienzo- siempre se puede más- de la solución.
Cuando se busca información sobre la educación en estos países surge como abanderado, Finlandia.

Finlandia ocupando el puesto número 1 en Ciencias, Finlandia ocupando el lugar número 4 de  lectura y el 6 en matemáticas. ¿Y cuál es su secreto para llegar a tan altas distinciones medidas  por el Programa Internacional para Evaluación de Estudiantes (PISA)?

El secreto de su éxito es la calidad de la formación docente, es decir una alta capacitación, una elevada profesionalidad.

Se ha explicado que esta calidad es producto de una gran exigencia que se inicia con un ingreso a la facultad especializada en magisterio, sólo  permitido a quienes han obtenido promedios entre 9 y 10 en la secundaria. Esa condición previa va acompañada por exámenes que ponen a prueba una muy alta preparación en diferentes ciencias, que abarcan desde la capacidad de comunicación  hasta la sensibilidad artística. 

Ser docente es un honor que ha ganado un alto lugar en el reconocimiento social y que exige un elevado sentido de la responsabilidad.

La educación en Finlandia da cohesión social, involucra a la familia y está bien pagado.

Otros países se acercan a tan brillantes resultados y el denominador común es que en ellos los docentes no deben pluriemplearse para llegar a fin de mes, además, su misión es muy reconocida y ese hecho estimula, compromete, fomenta el afán de superación.

¿Sucede algo parecido en nuestro país?
¿Cómo puede lograrse?

Tal vez proponerse llegar a ese nivel de desarrollo humano deba constituirse en una cruzada familiar y social teniendo en cuenta que en esa empresa está comprometido el futuro de las generaciones que nos continúan.

¿Por dónde empezar?

A lo mejor sería bueno empezar por pensar si el maestro y profesor ganan lo suficiente como para satisfacer las necesidades básicas de la alimentación y el descanso,  imperiosas para cualquier ser humano. ¿Gana lo suficiente para lograrlo el docente?

Es importante insistir en la cuestión: ¿Pueden los maestros con los miserables sueldos que cobran llegar a una plena satisfacción de lo esencial o por el contrario, acaso se ven obligados a dedicar tiempo, esfuerzos, ingenio para poder llevar a la mesa diaria la adecuada alimentación para él y su familia? Además, ¿consume realmente lo que le transmite fuerzas, energía y buen ánimo?

En muchos lectores ya surgió la respuesta.

Por otra parte y para  enfrentar una tarea sumamente ardua, los docentes tienen que vérselas hoy con una generación de niños y adolescentes que llegan a la escuela muy  cansados, desorientados y desprovistos de las bases que otrora daban las madres presentes y los padres aspirantes de tener “m’ hijo el dotor” (recordamos la famosa obra de Florencio Sánchez)  que les permitiría ascender en la escala social. La mayoría de los padres de hoy están muy ocupados en ganarse la vida para luego descansar y ver un buen y relajante programa de TV cuando se llega al hogar. De más está decir que esa situación, que genera chicos con escasos hábitos de estudio, hace más pesada  la tarea docente.

Con más trabajo, con una tarea recargada y sin educadores convencidos, la escuela no puede cumplir su elevada misión formadora. Urge, entonces,  que la atención se vuelva hacia esta problemática y se trabaje desde toda la sociedad para que se restauren las fuerzas y confianza del educador, en sí mismo, en su trabajo.

El gobierno nacional y los provinciales  tienen en sus manos la posibilidad de reanimar tan alicaída tarea y pueden hacerlo reconociendo que es por la educación, por la formación de los ciudadanos, por la suma de personas formadas, educadas, esforzadas en su propio crecimiento personal cómo se puede mejorar la República.

En el cultivo y desarrollo de cada cerebro argentino anidan las potencias que harán grande a nuestro país.

Pagar sueldos justos a los que tienen en sus manos ese laboreo, al tiempo que se les exige la mejor disposición, es el ineludible primer paso.

Por otra parte también sumaría a la apetecida calidad si se deja atrás la demagogia actual, ya que, aunque a todos nos resulte placentero tener más vacaciones, hacer lo menos que se puede hacer, dejarnos ganar por el menor esfuerzo, bien sabemos que esa actitud sólo conduce a la derrota de un auténtico y sustentable crecimiento.

Crónica de un lamentable final de acto

opinion
Gladys Seppi Fernández
En “Crónica de una muerte anunciada” Gabriel García Márquez, relata la historia de Santiago Nassar cuya muerte, anunciada a todo el pueblo por los hermanos Vicario, se cumple generando en los testigos y en el lector, la sensación de que hecho tan funesto pudiera haberse evitado si alguien hubiera hecho algo al respecto. Y es, justamente en el dejar hacer, en la omisión donde el genial narrador carga la tensión generando una obra maestra del relato. 
En la crónica del día 19 de noviembre de este año se relata el final esperado, anunciado y también deseado por la mayoría de los argentinos, de los bochornosos hechos que han llevado al país al borde de su ruina bajo el lema, “vamos por todo” al que los testigos le sumamos una frase tácita: “aunque ese todo incluya la suerte del país y del colectivo que lo habita”. Un hecho que marca en nuestro caso solamente el final de un primer acto con la renuncia de un kirchnerista de pura cepa: un personaje que intimidaba con su agresividad, con su tono humillante y estilo de matón al que la mayoría de las críticas han coincidido en calificar como la personificación de la irracionalidad.
Pues este personaje viene incluido en el relato oficial y en su estilo narrativo desde el año 2005, es decir no es un participante nuevo al que el gobierno acaba de incorporar sino alguien metido bajo la misma piel de esta gestión y por lo mismo exponente y defensor de sus actos improvisados que han llevado al país a: Una caída estrepitosa de las reservas, un saldo comercial externo en baja- (de 10,2 a 1,5), una mayor e insostenible presión fiscal ( de 23,79 a 37,47) y a un déficit fiscal que ha pasado de 1,313 a -17,264 actual),-según datos publicados por La Voz del Interior el 20 del cte.), lo que ha puesto al país en la peligrosa situación de caída libre.
A Moreno se le achacan muchos de estos males. Se dice que aparte de su estilo confrontativo y busca pleitos, aparte de su trato ferozmente matón y sus tácticas de amedrentamiento, aparte de desbaratar las posibles buenas relaciones con los socios comerciales del Mercosur y del mundo, su gestión es de manos vacías. Nada ha podido hacer para detener la inflación, ni la fuga de divisas, ni la escalada de ajustes impositivos ni el estancamiento de la actividad económica del país. Nada ha dejado sino el mérito de haber ocupado el incuestionable lugar de abanderado en la política del “vamos por todo”, que, como a todos los que van al frente y le ponen el pecho a sus errores, lo transforma en ser uno de los primeros en caer.
La ida de Moreno estaba anunciada, tenía que suceder y sucedió, tal como están anunciadas otras caídas porque este representante de un estilo de gobierno no era nada más que un emergente un poco más violento, “más jugado”, o “irracionalmente jugado”. Es que el escenario en que hacía sus temerarias puestas en escena parece permitirlo todo. Nuestro país tiene no sólo riquezas inagotables sino también un pueblo testigo de gran paciencia, ¿o indiferencia?, que está pasando de ser un observador a protagonista que se juega al votar.
De la docilidad de nuestro país y su gente, del callar, consentir, bajar la cabeza y no hacer nada, puede decirse que no ha conocido límites y que es, justamente por eso, que los más atrevidos se han animado a tanto. Sin embargo parece llegada la hora en que los ciudadanos empiezan a ser parte activa de la trama haciendo, por lo menos, escuchar su voz. ¿Y qué está diciendo la voz popular? Que si Moreno no conoció límites fue porque tampoco los conoce el gobierno del que ha formado parte y cuya irresponsabilidad se hace muy visible hoy. Irresponsabilidad de un gobierno que insiste todavía en “profundizar un modelo” que ha llevado a la quiebra al país; irresponsabilidad y, por lo mismo ceguera de las consecuencias de los que secundan al gobierno, de los que por interés se aproximan y están cerca, de los que soportan insultos y bajan la cabeza con una indignidad inagotable, también.
Ahora se fue Moreno. Esa es la noticia de hoy y la que ocupará por varios días a los noticieros y comentaristas. Y también de los que ahora se animan a criticar y enumerar fracasos de una gestión que puso al país en el desprestigio mundial, porque, ¿quién puede creer a los que falsean a su gusto los datos de la realidad y más aún enfrentan a los que se atreven a desmentirlos con actitudes pedantes?
Pero, ¿es que no había autoridad para ver que este funcionario no funcionaba? ¿Es que los que atropellan, insultan, mienten tienen un lugar asegurado entre lo que llamamos Estado Argentino de hoy?
Debiéramos anticiparnos a lo que más tarde o más temprano será noticia también, porque aunque aparentemos ser solamente el pueblo testigo de los núcleos de acciones que elaboran el argumento de la historia nacional de nuestro tiempo, guardamos en la memoria colectiva hechos de fraudes, robos, estafas que costaron vidas, complicidades y silencios como los que aún mantienen a Jaime y otros funcionarios lejos de las rejas y otros negociados que parecen olvidados pero que, seguramente, han de poner a estos actores de un triste relato no solamente fuera de escena sino ante los más severos estrados tribunalicios.
Bajo el gobierno actual y sin dudas con su venia se han cometido montañas de errores que llevan a la gente a una mayor pobreza, y esta política errática e improvisada se calibra en la vida cotidiana que sufre imparables aumentos que disminuyen a lo mínimo la posibilidad de adquirir lo que es imprescindible para la salud y un mínimo de calidad de vida.
Moreno se fue, sí, pero tarde porque ya se ha hecho mucho daño a las potencialidades productivas del país. Moreno se tendría que haber ido al primer traspié, al primer gesto envalentonado con que irrumpía en cualquier reunión poniendo cabizbajos e impotentes a personalidades como directores de diarios, empresarios, y hasta los mismos políticos que, frente a él, se transformaron en timoratos peleles sin voz. Moreno se fue pero resta asistir a las acciones que desarrollará quien le daba órdenes, una personalidad atenta sólo a sí misma, empecinada en ir por más porque sigue pensando que nadie se atrevería a pararla ya que su carácter, su propio engaño, sus ambiciones, su temperamento y también su prepotencia, nunca conocieron límites. Nunca nadie de su entorno o no, de entre los opositores, de entre el pueblo raso pudo poner freno a acciones que podemos medir hoy en resultados absolutamente negativos para el país, es decir para cada ciudadano.
Si bien es necesario decir que hubo personas que como Elisa Carrió, sin pelos en la lengua pero con escasos resultados, fue anticipando a quien quisiera escucharla sobre los males que se avecinaban si nadie pone coto a errores evidentes.
Ahora nos preguntamos qué podemos hacer el resto de los ciudadanos, para que un final anunciado y acorde a la trama que tiene aún dos años más para finalizar su relato, no sea tan lamentable como el de la novela de García Márquez sin que los argentinos hayamos podido hacer nada para remediarlo a tiempo. Para que sea menos doloroso.
Escritora y docente

¡Felices fiestas!

opinion
Gladys Seppi Fernández
Siempre he pensado en la Navidad como un buen momento; un tiempo amable, de perdón, de generosidad, agradable; un momento en el que los hombres y las mujeres parecen abrir sus corazones libremente, y por eso digo, ¡que Dios bendiga la Navidad! (Charles Dickens).
Cuando llega diciembre el corazón de la humanidad se agranda porque es tiempo de renovar las esperanzas, el optimismo, el amor familiar, el amor a los demás.
El pino navideño, el árbol de la eternidad, levantando al cielo su forma triangular representativa de la Santa Trinidad, tuvo en sus orígenes cristianos el adorno simbólico de manzanas, que representaban la tentación, y velas que transmitían la idea de la iluminación. Todos los adornos fueron en un comienzo, simbólicos, de manera que la descollante estrella que lleva en la punta, representa la orientación en el camino, las bolitas, los dones recibidos por los hombres y las cintas que, en tiempos pasados, simbolizaban los lazos con las personas que amamos, se van reemplazando por nuevas figuras, creativas formas que el paso del tiempo cuelga en sus ramas.
El fin de cada año, con sus fechas tan resonantes en el corazón humano, es el ámbito temporal en que los hombres recuperamos un poco la inocencia del alma, limpiamos el herrumbre de los rencores y miramos a los otros con los ojos limpios de los niños, renovando la fuente de los mejores deseos para todos. Junto a la decoración y la iluminación, junto al despliegue de árboles navideños que compiten por su belleza y fulgor surge el saludo en las calles: ¡Felices fiestas! Las bienaventuradas palabras, abarcativas, generosas, abrazadoras llegan para acariciar el corazón.
Ahora bien, ¿pensamos en qué deseamos al otro cuando las pronunciamos?¿Pensamos en las posibilidades de una vida mejor que auguran? ¿Cuál es el alcance que tienen las buenas intenciones con las que las cargamos?
Cada uno medirá las que emite o le llegan, y sentirá el efecto benéfico que causan en su interior. Siempre son para bien y siempre hacen bien. Pero tal vez sería bueno si, además, remontamos un significado que tanto entraña y que tan diferentes connotaciones evoca.
Para algunos, el mensaje, que viene cargando siglos de visiones, de costumbres, de maneras de estar en el mundo, podrá decir que lo pases bien o que te diviertas, que comas lo más rico y lo disfrutes, que te hagan buenos regalos, que te entretengas bailando, cantando, brindando a más no poder, es decir saliéndote de ti para alcanzar el paroxismo del placer; para otros el “Felices fiestas” significará que te renazcan tus propias fuerzas para reconstruirte, para refundarte, para que la vida te parezca buena y que sientas que estás viviendo dignamente, de la mejor manera, porque has tomado conciencia del regalo y compromiso que significa estar vivo; para otros, tal vez porque algún sufrimiento o pérdida los ha marcado, la frase “Felices Fiestas” expresa el deseo de que las personas que aman estén gozando de buena salud y bienestar; a otros, la tarjeta o el abrazo, o la carta o el email, cualquiera sea el soporte en que vinieren, los buenos deseos se les adentrarán en el espíritu, les harán preguntas, inquirirán sobre algún logro esperado, sobre los esfuerzos que han logrado colmar un proyecto largamente sostenido.
¡Hay tantos significados como emisores y receptores del mensaje! Y éste puede producir el efecto de las palabras pronunciadas con ligereza como cumplimiento repetido de un ritual, o como expresión auténtica, brotada de un corazón que siente al otro dentro de sí. Las palabras salen de bocas diferentes o de sentimientos o de experiencias y vivencias y caracteres distintos y también de vínculos más o menos cercanos en el amor o la empatía.
Meditar sobre el significado de las “Felices fiestas” con que arropamos el acercamiento a los otros, puede y debe ser un ejercicio para el cambio, para la introspección, para que el mensaje profundo que subyace, se transmite y nació con la intención de la resurrección permanente a los mejores propósitos, renazca. Las fiestas de nuestro tiempo están signadas por las costumbres, inmersas en la particular filosofía hedonista y vertiginosa que nos envuelve y nos impregna, sin que seamos, muchas veces conscientes de ella, del matiz que les va dando nuevos y cambiantes rostros, muy contrastante hoy con lo que las personas mayores hemos vivido en nuestra lejana niñez.
En estos tiempos de consumismo, la felicidad se mide por el cuánto se puede comprar. Así la cosa material se califica como el bien a ingerir y el bien a vestir. La adquisición de la última novedad tecnológica, del teléfono celular, de la tablet, del televisor led y 3D ha pasado a ser primera necesidad y ya no moviliza su compra solamente su utilización práctica sino el espíritu de ostentación.
Las fiestas de navidad, el festejo de año nuevo, la misma festividad de reyes convocan, debieran convocar lo mejor de nosotros, el amor a los semejantes, el deseo de dar y sobre todo el agradecimiento por lo que tenemos, lo que podemos contar en salud, en buenos vínculos, en comprensión y amor de los amigos.
Es una fiesta para pensar, y al elevar las copas, poner en alto, también, los mejores propósitos. Es el espíritu, el crecimiento espiritual lo que renace y lo que puede hacernos, cada final de año, realmente, más felices.
Escritora y docente

¿Está en la familia la causa de la crisis social actual?

FAMILIA
Gladys Seppi Fernández
Encauzar la familia debiera ser, por lo tanto, una preocupación de todos los argentinos y esencial del gobierno, que debe orientarla para que asuma su responsabilidad en el cuidado y protección de cada uno de sus miembros.
La crisis socioeconómica argentina, la pobreza, la falta de modelos y de valores socavan seriamente las bases de la estructura familiar y social. Es cierto que en estos últimos cuarenta años la familia mundial ha experimentando cambios drásticos causados, sobre todo, por el ritmo veloz de la vida, la falta de comunicación en favor de lo virtual, el impulso consumista, la banalización de los sentimientos, el avance imparable de la tecnología que ha modificado fundamentalmente los roles de cada individuo dentro de la familia, tanto del padre, el proveedor tradicional, como el de la madre, hoy inmersa en el mercado laboral, lo que hace que los hijos permanezcan descuidados y hayan quedado a la deriva.
La socialización de los hijos/as con relación a los valores indispensables para el desarrollo y la adaptación humanos está prácticamente perdida y las consecuencias se están sufriendo en la vida de todos ya que entre familia y sociedad se da una relación de recíproca dependencia.
Encauzar la familia debiera ser, por lo tanto, una preocupación de todos los argentinos y esencial del gobierno, que debe orientarla para que asuma su responsabilidad en el cuidado y protección de cada uno de sus miembros a los que tiene que asegurar una subsistencia digna y formarlos en la construcción de una fuerte y valiosa subjetividad.
Es en la familia donde se fraguan las marcas emocionales y afectivas que han de signar el destino de cada individuo, donde se aprende a elegir y tomar las primeras determinaciones, se internalizan las más profundas vivencias afectivas que forman el carácter, se sabe del amor, la rivalidad, la envidia y hasta del perdón.
Quienes tienen hijos, deben obligarse a que la familia, que por ese hecho han constituido, sea cada día mejor cumpliendo su misión conservadora y plástica, es decir, transmitiendo los valores, y orientación vital de generación en generación y a la vez superándose, buscando su perfeccionamiento en la combinación armónica de costumbres, maneras de pensar, creer y enfrentar la vida de cada uno de los cónyuges. Produciendo, en fin, cambios que incorporan lo mejor de los miembros de la pareja y adaptándolos e intentando lograr lo más bueno en favor del desarrollo integral de los hijos.
Actualmente y justamente en la búsqueda de una vida de mayor calidad basada en la verdad y autenticidad, se han conformado diferentes estructuras familiares que van desde la clásica, formada por un hombre, una mujer y uno o varios hijos, a la uniparental, muy común entre nosotros y formada solamente por el padre o la madre y los hijos, o la familia ensamblada, constituida por padres separados y los hijos de sus anteriores matrimonios y la de homosexuales que reclaman su derecho a criar hijos.
Lo fundamental es que, ante tanta diversidad, exista la fuerza del amor, el cuidado mutuo y el respeto para que la familia, sea cual fuere su constitución, pueda cumplir su misión trascendente, que lo es en la medida en que va más allá de sí misma en el tiempo, proyectándose a un futuro de crecimiento humano, y en el espacio, ya que la formación de los hijos compromete la armonía y superación o empobrecimiento del colectivo social al que pertenece.
Existen y son cada día más numerosas las familia pobres, algunas de las cuales, aún sin recursos materiales, educan, forman, con un gran caudal afectivo, pero, son demasiadas las que, abandonadas a la fuerza destructiva del descreimiento y falta de fe, constituyen un hogar sin principios ni valores y, vencidas por la ignorancia, lanzan al mundo individuos sin sustento material ni espiritual, seres débiles que son fáciles víctimas de la droga, la violencia y el resentimiento social. El mismo vacío que tienen muchos hijos de clase media y pudiente, con grandes recursos materiales, pero que, por diferentes motivos son abandonados en plena etapa de formación.
La familia debe ser nutricia y normativa, es decir dar sustento no sólo a las necesidades materiales y emocionales, sino, fundamentalmente, transmitir pautas de conducta contribuyendo al fortalecimiento de los valores humanos con sus buenos ejemplos.
Sin embargo, ¿pueden lograr estos nobles fines las familias que han caído en un estado de precariedad de todo tipo?
Hoy, analizar, estudiar y apoyar la tarea familiar es una cuestión del Estado. A los gobiernos y a los organismos especializados dependientes, compete tener en cuenta que cuando se habla de crisis social se habla de la familia, donde se registran, procesan, elaboran y retornan las influencias del medio social al que benefician o perjudican.
En nuestro país, demasiadas familias han descuidado sus fundamentos y lanzan a la sociedad individuos mal educados, resentidos, inadaptados, enojados con la vida y proclives a dejarse arrastrar por vicios que debilitan y hasta anulan su desarrollo y lo transforman en un peligro para los demás.
Así lo expresa, un preocupado Carlos Guauthémoc Sánchez, escritor y pensador, hablando de su quebrada sociedad mexicana:
“Nuestros hogares se desintegran cada día más, por lo que es necesario que quienes detectan en su casa rebeldía y falta de respeto de los hijos, hostilidad y burlas entre hermanos, discusiones hirientes, indiferencia, desconfianza para compartir sentimientos, frialdad de alguno de los padres, vicios, abandono y otras actitudes negativas, adviertan que su familia está en crisis y que hay que buscar cambios para poner remedio”.
Urge, entonces, que la familia busque soluciones, trate de mejorar los lazos de afecto y respeto que deben reinar en ella, porque el futuro de todo niño depende de un buen hogar donde exista una autoridad que represente la función paradojal “prohibición-autorización” que suele cumplir el padre, la madre o cualquier adulto que se haga cargo, sabiendo que el niño necesita seguridad afectiva básica, límites y motivación para aprender.
Una familia nutricia y normativa salva a las generaciones del nihilismo, del pensar que nada vale la pena, terreno propicio para la droga, la evasión, la violencia, cuyo resultado es el ambiente de enfrentamiento, desconfianza y hasta muerte que carcome la vida de los argentinos.
Los lazos de la gran familia que debemos consolidar en nuestro país están quebrados y es en el núcleo básico de la sociedad, donde debemos buscar las causas de esta ruptura vincular nacional. Sólo si se le otorga la atención que deben prestar los especialistas, si se orienta a la familia para que asuma su responsabilidad en este estado de gravísima crisis social que nos involucra a todos, se logrará sanar la raíz envenenada de nuestra sociedad maltrecha.
Es, por lo tanto, tarea y obligación de la familia, esté constituida como estuviere, preocuparse por los hijos que trajo al mundo o le han sido encargados para que logren un buen desarrollo y es, también, obligación de nuestros gobernantes poner todos los medios necesarios para levantar el nivel humano de cada hogar, orientándolos al cumplimiento de su rol y sin perder de vista- como se está perdiendo- que es en la familia, donde se fraguan las vidas que suman o restan a la sociedad y que solamente fortaleciendo su legítima autoridad se pueden formar adultos plenos de futuro.
Escritora y docente

La madurez materna

opinion
Gladys Seppi Fernández
Uno de los aspectos menos tenidos en cuenta y por lo tanto escasamente tratados en las discusiones sobre el embarazo adolescente, es cuánto incide en el desarrollo del hijo y su calidad de vida la inmadurez o madurez materna. La madurez psíquica, la estabilidad emocional. Vamos a tratar este tema.
Las discusiones surgidas cuando se supo del embarazo de una niña de once años, las opiniones encontradas sobre si debe o no continuar con su embarazo, hablan de que esos aspectos fundamentales, no son considerados.
Sin embargo debiéramos pensar que cuando los seres humanos llegamos al mundo, somos tan desvalidos que necesitamos que un adulto, generalmente la madre, nos proteja, acompañe y estimule nuestro adecuado desarrollo.
Para que esto sea posible es necesario que la madre -o quien la sustituya- tenga su cuerpo y psíquis debidamente maduros ya que recién entonces está en condiciones de darse a la noble, difícil tarea de criar al hijo.
Entonces sí. La madre amorosa abraza al bebé, lo acerca a su calidez, le transmite amor a la vida, alegría de vivir; en cambio la mujer que no lo deseaba lo trata mal, se irrita con sus llantos, lo sostiene con incomodidad, no sabe darle abrigo, no tiene voluntad de acariciarlo, le mezquina su compañía, le cuesta vincularse con él, sonreírle y ese divorcio será muy difícil de superar cuando el niño crezca ya que los primeros años marcan de por vida.
Es importante saber que en la génesis de muchas deficiencias humanas, en las desconfianzas y celos, en la dependencia de otros a quienes se achaca la propia infelicidad porque no se asume la debida autonomía, está el haber nacido como un accidente, no ser el fruto de una relación fecunda y aceptada.
Importantes estudios científicos, posibles en estos tiempos de sofisticada aparatología, revelan las marcas que imprimen en el feto las vivencias maternas, sus deseos, sus angustias y hasta su amor o desprecio por la vida.
El hijo indeseado- dicen los nuevos aportes científicos- nace con un déficit emocional que restará a su autoestima. Muchos de ellos- porque por suerte existen excepciones- tendrán serias dificultades para vincularse, dar amor y hasta se manifestarán agresivos con los demás.
Estos problemas, de cuya gravedad no se habla, enfrenta a la familia y más tarde a la escuela y sociedad con chicos apáticos, inestables, retraídos, desafiantes o agresivos, muchos de ellos gente violenta que disfraza su inseguridad y angustia vital recurriendo al alcohol y las drogas o con una prepotencia que simula que nada le importa.
Estos individuos- se nos advierte- harán una vida difícil y llevarán a su vida de adultos el vacío de sus carencias. No es difícil imaginar, entonces, dónde buscar la raíz de tanto fracaso y violencia vincular.
La madre madura, en cambio, acepta, ama y cuida a su hijo, lo asiste, se preocupa por alimentarlo, le entrega su tiempo y compañía, advierte y casi adivina por total empatía lo que el niño necesita, le molesta o sucede.
Se sabe también ahora que en el momento en que la madre acoge en su pecho al bebé, en el instante en que le da la teta y lo acaricia, cuando las manecitas de ese ser entregado a sus cuidados se encuentra con su tibieza y acaricia su piel, se produce la descarga de una sustancia llamada por los científicos “la hormona del amor”, la oxitocina. Esta sustancia se derrama en el cuerpo y la fuerza de su riego inunda de placidez al lactante y de conformidad a la madre, haciéndose una sola y fuerte corriente que fortalece los lazos de ambos y de esa manera se aumenta la confianza básica que el niño sentirá ante la vida que lo espera.
El sentirse aceptado, amado, protegido, marca el destino del hombre, desde su nacimiento y quienes reciben al nacer esa bendición tendrán más fuerza en su crecimiento, ya que el cuidado y amor maternos proveen a su apego a la vida.
Apoyados en estos últimos descubrimientos, podemos afirmar entonces la importancia de que la mujer llegue a su maduración psicológica, para ser madre.
Por otro lado y en relación al tema aportamos importantes descubrimientos del especialista en neurología, Dr. Alfredo Oliva Delgado, de la Universidad de Sevilla quien explica en su obra “Desarrollo cerebral y asunción de riesgos en la adolescencia” que muchas de las conductas características del adolescente como es la de asumir riesgos y buscar sensaciones nuevas y extremas, dependen de la maduración de la corteza prefrontal o neocórtex cerebral, que permite el control de los impulsos, la anticipación de las consecuencias futuras, la capacidad de sentir empatía, etc., que recién culmina al llegar la tercera década de la vida. Este hecho, revelado por la ciencia actual, explica el porqué de una inadecuada autorregulación de la conducta cuando aún se está adoleciendo.
Podemos deducir, entonces cuántos embarazos, y maternidades de niñas adolescentes son el producto de actitudes inmaduras, impulsivas y emocionales que han de limitar la acción permanente, perseverante, responsable puesta en la crianza del hijo. Difícil, casi imposible es sostener una atención amorosa del nacido por parte de quienes no tienen aún, por su edad, una madura autoconsciencia de sí mismas y del valor de la vida.
Los estudios mencionados revelan la importancia de llegar a la maternidad cuando se ha madurado para evitar el nacimiento de hijos que sufrirán, de por vida, graves trastornos producidos por la inicial carencia afectiva, por el rechazo materno y la falta de convencimiento de la maternidad o paternidad oportuna. Creemos que es importante tenerlo en cuenta.
Escritora y docente