Comprensión lectora- Continuidad de los parques- Cortázar


APLICACIÓN MÉTODO SEPPI EN "CONTINUIDAD DE LOS PARQUES"
JULIO CORTÁZAR

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles.// Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.





ANÁLISIS: CONTINUIDAD DE LOS PARQUES(Comprensión lectora aplicando el “ Método Seppi… de Gladys Seppi Fernández)






   ANÁLISIS Y COMENTARIO DE CONTINUIDAD DE LOS PARQUES
APLICANDO MÉTODO SEPPI DE COMPRENSIÓN LECTORA – Por la creación de ideografismos

En este maravilloso cuento de Cortázar encontramos tres momentos en que un narrador (N) omnisciente, desde su alta posición,  observa las acciones de tres  personajes  en tres momentos o apartados sucesivos y estrechamente enlazados:

El  primero 1°-se extiende el  comienzo hasta “Danzaba el aire del atardecer bajo los robles”.
El narrador, (N), fija su atención en un hombre,   así representado ideográficamente y al que llamamos  (H1 ),  lector de una novela  que ha abandonado para atender sus ocupaciones de hacendado y hombre de negocios. Está sentado de espaldas a la puerta  para evitar distracciones   lo que parece facilitar su evasión de una realidad de la que se aparta poco a poco.
Gradualmente va abandonando su propio mundo y se deja ganar por el mundo de la ficción que llenará todo el segundo apartado.
En el 2° apartado – desde “palabra a palabra”, se agudiza el desplazamiento hacia el mundo irreal,  y su posición de personaje central pasa a la de testigo vivencial ( en un rincón de la escena)  lo que le permite observar lo que sucede en el interior de una cabaña del monte donde cobran presencia, vida y color los protagonistas de la novela que lee,  un H y una M (ahora en el centro del escenario) que se encuentran en el amor, enturbiado, esta vez, por sentimientos de ansiedad y la sugerencia de planes oscuros y siniestros.
 Este apartado es intenso, teñido de sombras que se acentúan con el empleo de palabras de mal presagio: “puñal”, “destruir”, “repaso despiadado del plan”.
 El anochecer también ha llegado al parque.



En el 3° momento el lector sigue las alternativas de la separación   de los amantes,  se marchan en direcciones opuestas, el hombre       corre entre “la bruma malva del crepúsculo”,  llega a la casa, a la que penetra esgrimiendo su puñal que amenaza clavar, justamente, por la espalda del H que lee una novela, sentado en el sillón de verde terciopelo, donde hay una puerta    y una    ventana que da  al bosque de robles.
Se unen en este tercer momento la ficción y la realidad, logrando el autor, de esa manera, la perturbadora perplejidad del lector ante la  unión del comienzo con el final en que un personaje que leía se transforma en el personaje víctima de una muerte que aparece a su espalda.
La novela es circular, el clímax intenso, el final sugerido.   




Para que Argentina sea un lugar saludable

PARA QUE ARGENTINA SEA UN LUGAR SALUDABLE

“Tú eres una comunidad de células. Cada una tiene su función. Salud es cuando los cincuenta billones de células de cada ser humano viven en armonía. La vida en comunidad es saludable cuando las células que la componen viven juntas, cooperativamente y abundan los pensamientos positivos. Lo contrario es estrés y  de allí,  enfermedad”.
Bruce Lipton

Lo dice la ciencia: una vida comunitaria armónica o lo contrario repercute en la salud de cada célula social, de cada individuo.
Sin embargo, nuestro país, vive permanentemente enfrentado por guerras inútiles,  enfermando el cuerpo social, envenenando la vida comunitaria y provocando un estrés dañino a cada habitante, del que devienen graves afecciones. Este gran cuerpo de más de cuarenta millones de habitantes está, empezamos a reconocerlo, muy enfermo.
La intoxicación nos desune y pone por encima de los más altos valores, como es el progreso del país, ganar disputas estériles por lo que urge que todos tratemos de curar, con decisión y fuerza, la hasta ahora indomable, irrefrenable y rebelde dolencia que padecemos.
Una peste, sembrada en cada estamento social, en reparticiones y jurisdicciones diversas se inflama hasta alcanzar un estado de máxima virulencia que ha ido contagiando a cada célula del  cuerpo social. 
Las noticias diarias, las medidas aceleradas del nuevo gobierno y las actitudes de los que las resisten,  están provocando una sensación de caos que, seguramente,algunos, los más fanatizados,festejan, sin saber que, como dijo Agatha Cristie, “la vida no puede ir hacia atrás” y que el mal sembrado se vuelve contra todos, contra los mismos que lo derraman.
Estamos en guerra  como vemos diariamente  en los enfrentamientos televisivos de gente que busca imponer ideas gritando y sin dialogar para llegar a un respetable entendimiento. Unos van por lograr un  país más ordenado, más serio, más consciente de su destino, otros se empeñan en la fabulación de un relato que nos sumió en la mayor de las miserias morales de nuestra historia. ¿Cómo superar tan tremendo desencuentro?
Unos dicen y es cierto, que durante doce años vivimos en la abundancia; otros ven, en cambio, que esa sensación de bienestar se logró arrojando en el río del mercado financiero billetes sin respaldo real que cumplieron su objetivo de hacernos sentir, ficticiamente,  regalados; unos declaran, y es verdad, que los sueldos aumentaron, que el impulso a consumir fue facilitado, incitado, satisfecho; otros reconocen que se repartieron millones, pero aducen que ganamos en derechos perdiendo obligaciones porque nada se exigía a cambio y que una gran cantidad de argentinosenmañados y  privilegiados alcanzaron a gozar de las prebendas de sueldos inimaginables por hacer poco y aplaudir mucho.
¿Cómo negar que la realidad permanecía muda y hasta indiferente ante el despilfarro y descontrol, mientras la plata dulce nos acariciaba y los días festivos se multiplicaban  en una jarana continua de irresponsabilidad, en un interminable recreo? Sin embargo, sabíamos que el timbre que anuncia el final sonaría y que en algún momento entraríamos a clase con una nueva y exigente maestra.
¿Por qué no reconocer que lo pasado fue un tiempo de ficción? En el aula del país vuelven a darse las lecciones de la realidad, el conocimiento del mundo, los premios y reconvenciones  y también las malas notas, las que duelen.
Lo sensato, lo maduro, sería aceptar que no todos los días se pueden vivir como de fiesta, que si una maestra permisiva regaló, con tan liviana actitud paternalista y facilista, notas excelentes a lecciones mediocres, que si para simpatizar no exigió el trabajo y el esfuerzo necesarios a cualquier construcción, es obligatorio ahora, subsanar los estragos producidos por días de parranda de la que tanto gusta el populismo. Es hora de recomponer la casa, porque, ¡no hay remedio y bien lo sabe la conciencia!, si continuamos en este estado de desbarajuste, nuestro lugar, el grande y el más pequeño, serán inhabitables.
Es tiempo de reconocer, y seguramente lo hace el discernimiento de todos los argentinos, que el desorden es dañino y que, si no se ordena lo que está de patas arriba, llegaremos a la quiebra.  ¿Cómo lograr que todos asuman semejante desafío? ¿Cómo  convencernos a cooperar y a brindar nuestras capacidades al bien del conjunto?
Tratar de curar la enfermedad que estamos padeciendo significa reflexionar honestamente: la salud del país está en juego, cada célula social, los cuarenta millones de habitantes debemos aceptar  los cambios impuestos por la democracia, que exige, fundamentalmente, señalar y reconocer errores, pero también aciertos para marchar hacia adelante.
 Si le damos tiempo a las nuevas autoridades, si transformamos los desencuentros en una espera prudente, si participamos activa y positivamente, lograremos lo que es el deseo justo y genuino de todos: un país sano, maduro, progresista que permita a cada uno ocupar su lugar, desarrollarse. Un país para vivir en paz.

Gladys Seppi Fernández


Comprensión lectora de "Ajedrez" - Jorge Luis Borges

AJEDREZ- JORGE LUIS BORGES

    Aplicamos el método Seppi de comprensión lectora por la creación de ideografismos en el poema “AJEDREZ” de Jorge Luis Borges.
Presentamos una representación modelo con la intención de que el lector, docente o alumno, relacione el  contenido e ideografismos que intentan captar una macrovisión.


I                                                      II
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
     Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que en un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
Cuando los jugadores ya se han ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
En el oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
                                                                                                                                        

    Borges siempre nos asombra insertando  su preocupación metafísica, su macrovisión  en el ámbito de lo cotidiano.
    Tal vez podamos ayudarte a entender en su esencia los dos sonetos en que se configura  Ajedrez  con representaciones ideográficas que podrás  rebatir, mejorar y representar con tu particular manera de ver ya que, a diferencia de los jugadores de Borges, vos, lector, sí, sos dueño de mover las piezas.


SONETO I
PASOS:

·     Después de acercarnos al texto y al autor, pasamos a separar cada soneto en apartados, cada uno de los cuales puede ser representado por un cuadro, como si tuviéramos al frente una pantalla.    



·     Ubicamos al narrador frente a lo observado: Omnisciente (arriba del cuadro), equisciente (al costado), Testigo, (dentro del cuadro), protagonista (en el centro del cuadro. Utilizamos la letra N o B ( de Borges)o la que elija el lector.

                                                N


   



                         En este caso Narrador omnisciente.

·     Separamos en apartados, (como las secuencias de una película), ubicamos en cada uno al narrador (N) y ubicamos con signos simples las presencias de personajes y elementos observados:

             N                                                                                 N                                                                 
 




      

 Dos apartados:
  El 1 formado por las dos primeras estrofas:
  El narrador omnisciente, arriba del cuadro observa el juego de dos ajedrecistas en un tablero en que oponen dos colores, para pasar al describir las formas y significado  de cada pieza en la segunda estrofa.

   El 2 formado por la tercera y cuarta:

   Presenta el desplazamiento del narrador que traslada el ejemplo del juego de ajedrez a las guerras que se encienden en el mundo entre colores opuestos.

SEGUNDO SONETO:


                               


    


HE AQUÍ NUESTRA REPRESENTACIÓN
SOBRE EL TEMA CENTRAL




                                                   
Que te invitamos a explicar por tu cuenta.

Y QUE NOSOTROS EXPLICAMOS ASÍ…

    En estos dos sonetos Borges despliega una cadena de dependencias referidas al juego de ajedrez: las piezas, de los jugadores; los jugadores de Dios, Dios de otro dios…lo que le permite llevar al lector desde un ámbito estrecho, un tablero de ajedrez,  a uno tan amplio y vasto como el mundo, el tiempo y la misma vida.
     Los sonetos cobran así un carácter filosófico que destaca la fugacidad del tiempo, la irremediable desaparición de los jugadores, la permanencia de las guerras.
  Ubicado en la posición de narrador omnisciente, (B) el narrador se adueña de una macrovisión que le permite observar la multiplicación de las guerras humanas.
   Inicia y detiene su primera observación en los jugadores que compiten representando a colores contrarios, en que las piezas del juego tienen su significado particular. Desde el juego Borges se eleva a la idea cósmica de que más arriba de los jugadores y moviéndolos a voluntad, está Dios. Sin embargo en el segundo soneto nos sorprende con la idea formulada como una pregunta y la sugerencia de que otro dios (esta vez con minúscula) detrás del Dios mayúsculo que nos ha dado cada religión, lo mueve también como a una pieza sin que sepamos quién comienza la trama, que es infinita, un juego que como el del ajedrez permanecerá más allá de sus circunstanciales protagonistas a los que los consumirá el polvo.
    En estos maravillosos sonetos  Borges cuestiona el libre albedrío humano y aún el divino.
   
                                     DESARROLLO

   Para desarrollar su idea central el autor utiliza la metáfora del juego de ajedrez que se transforma en una alegoría de la vida, de las guerras humanas y las batallas entre campos contrarios.
    Los jugadores sostienen una guerra moviendo las piezas entre dos colores enemigos: el blanco y el negro, ambos en igualdad de condiciones para triunfar y dependientes de la habilidad de los jugadores.
   En la primera parte los jugadores mueven las lentas piezas de ajedrez que  son descriptas minuciosamente, manifestando su particular identidad y función.
   Sin embargo los jugadores son  los dueños de su destino, si bien,  el narrador observa que con el paso del tiempo ellos mismos serán consumidos mientras el juego persistirá y seguirá repitiéndose en otras guerras porque la vida es una continua guerra y toda guerra es un juego de ajedrez.
    En el segundo soneto  los jugadores oponen  las piezas  en “ lo negro   y lo blanco del camino”,  aludiendo a  su forma y su personalidad y  su misión pero que, sin embargo,  son sujetos pacientes de la batalla que libran los hombres.
    La expresión  “no saben” habla de la incapacidad de moverse por sí mismas ya que es el jugador  es el que mueve su destino.  Finalmente, en una inesperada escalada y ascendiendo en su cosmovisión  Borges habla del Dios que, a la vez,  maneja el   destino de los hombres.
    La pregunta final: “¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza”?  amplía  la mirada poética hacia un campo infinito, revelando el agnosticismo borgiano y su idea de la fugacidad de la vida humana.
     Ajedrez" incorpora la reflexión metafísica en el ámbito de la cotidianidad. Los más pequeños detalles de una partida de ajedrez permiten hablar del tiempo y también de la eternidad. Borges finaliza  con una interrogación  al lector, abriendo la mirada a un abanico de posibilidades significativas.


      Con respecto a cada pieza Borges  les confiere "habilidades" que nos hacen recordar las estrategias del juego: los peones son agresivos cuando comienza la partida, la reina es "armada" porque sus movimientos son muy poderosos, el caballo es ligero porque es la única pieza capaz de "saltar a otras" y el rey es postrero por el hecho de que es casi siempre la última pieza en moverse, también viene dado por el hecho de que es la pieza principal, que, en una partida equilibrada, es la única que puede sobrevivir sobre las otras.

   Esta parte del soneto hace referencia a las características del juego que  posee "variaciones y estrategias infinitas" y que cualquier juego (como cualquier situación de la vida) es complejo y profundo.


Educar el juicio crítico del ciudadano


      Los países que ocupan los puestos más destacados del mundo en materia educativa, han incorporado,dentro de sus objetivos y desde hace tiempo,uno al que consideran de trascendente valor: la formación del juicio crítico del ciudadano.
      ¿Qué se entiende por juicio crítico?  Se dice de la capacidad para dilucidar por uno mismo cualquier cuestión,  sometiendo cada conocimiento y cada acto propio o ajeno,ala valoración de su veracidad y conveniencia para sí mismo  y para el colectivo social, y una vez aceptado e incorporado, defender las decisiones tomadas.
    Es muy necesario educar en esta dirección a los alumnos.
  No se trata de criticar o enjuiciar a los demás, acto éste tan fácilmente ejercitado por la mayoría, basado en la ligereza de juzgar al otro sin mirarse a sí mismo.Se trata de repensar las ideas propias y ajenas, atendiendo a su importancia, haciéndose preguntas hasta hoy muy poco usadas en el aprendizaje diario y sobre todo escolar, como:
¿Para y por qué este conocimiento? ¿Puedo transferirlo a mi vida y hacerla mejor? Estos cuestionamientos conducen a conceptos que se internalizan de tal manera que se vuelven propios y así se aprende para siempre.
En cuanto a los adultos, en general, su inflexibilidad reflexiva denota una escasa formación.Es hora de hacerse las preguntas que la escuela tradicional no nos ofreció: ¿puedo mantenerme en una posición indefendible? ¿Acaso la realidad no me prueba que estoy equivocado? ¿No será más digno y edificante, defender solamente aquello de lo que estoy genuinamente convencido?
Para que la escuela se incorpore  a cambios urgentes, necesarios e impostergables, se debe ejercitar en cada momento de la clase y materias dela curricula, el diálogo permanente, la exposición de ideas propias, la  sana y ordenada confrontación de opiniones,  la capacidad de escuchar respetuosamente y hasta dar la razón cuando el otro tiene razón.
    El reconocer en un intercambio de ideas,  posturas,  puntos de vista o conocimientos e informaciones recibidas, la superioridad del pensamiento de un compañero, un colega o una autoridad, expresa la flexibilidad y salud mental a la que conduce una práctica que nos permite crecer como individuos y sociedad.
     ¿Pueden aplicarla los padres en el ámbito familiar? Sí,  muchos lo hacen y otros, aunque no están formados en este sentido por su educación receptiva, repetitiva y conservadora, pueden iniciar a la familia en el diálogo sobre los temas que la vida ofrece a cada momento,  alentar su discusión  conduciendo a una verdad mutuamente aceptada.
    ¿Puede hacerlo el docente en el aula? Sí, la nueva educación exige desarrollar esta capacidad para beneficio personal y colectivo.
Las clases debieran pasar de su estructura tradicional,  en que el alumno escucha al docente y repite y memoriza sin saber para qué lo hace, a una actitud de permanente interrogación sobre por qué y para qué y cómo. Involucrado emocionalmente el tema se internaliza, se aprende para siempre y puede ser transferido y utilizado en las propias acciones.
Así se hace en países con altísimos índices de rendimiento escolar: Finlandia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Australia, Japón, Singapur y otras naciones avanzadas, logrando:
     - Acrecentar la capacidad de discernimiento.
     -Aclarar un tema, relacionándolo, cuestionándolo y formulando nuevas preguntas para afirmarlo.
     - Demostrar las primeras hipótesis sobre una cuestión hasta que se comprueban y confirman.
      - Separar lo esencial, valioso, nuclear de lo secundario e intrascendente apuntando ala posibilidad de llegar a una vida con sentido y significación.
     -Involucrase, interesarse, que es la mejor manera de aprender.
     -Comprometerse basado en un pensamiento original.
     -Aprender a negociar considerando la posibilidad de arribar a coincidencias que capitalicen y disminuyan las diferencias.
     -Aceptar las equivocaciones, los errores y fracasos como instancia necesaria a todo proceso de crecimiento.
    - Cultivar valores que hacen digna la vida humana.
    -Controlar las emociones negativas, enfrentar y  desenvolverse en medio de las dificultades,siendo tenaces en la defensa de lo que se considera verdadero y valioso.
    -Autocontrolar la impulsividad haciéndose cargo de las consecuencias.
    Por cierto, sólo docentes altamente calificados pueden conducir este proceso a un progresivo cambio escolar, vital, social.
 Nuestra escuela, encerrada en una matriz de pensamiento del pasado, no se adapta aún a chicos de hoy diferentes que  detestan la escuela memorística y se rebelan contra el sistema, generando una indisciplina y malestar que imposibilitan el aprendizaje.
 Cuánto sumaríamos a la grandeza del país, con ciudadanos de mentalidad más abierta  que reconocieran lo verdadero, bueno,  constructivo, adhiriéndose a posiciones que, aunque diferentes, aporten soluciones beneficiosas a la ciudadanía y su futuro.
     Todos debiéramos conocer e incorporarnos a los cambios que la nueva educación está produciendo en los países del primer mundo, un estado de progreso y bienestar social y cultural que, ojalá, los argentinos aprendamos a construir.

                                                                           Gladys Seppi Fernández


¿La dignidad tiene precio?


“La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”.
Concepción Arenal

Hace miles de años el ser humano viene levantando la cabeza, ganando la posición erecta, lo que le permite contemplar sus ojos en cualquier espejo y juzgarse, mirar de frente a los demás y elevar su vista hacia lo alto, en donde pueden desplegarse los proyectos del bien, los más elevados sueños  y hasta las más inalcanzables utopías.
Desde entonces viene construyéndose la dignidad humana.
Hace cientos de años, los habitantes de esta tierra venimos pugnando por construir una república representativa y federal que permita a los argentinos llevar una vida digna, lo que quiere decir que, habiendo satisfecho  las necesidades básicas de alimentación, las sanitarias y las de techo y abrigo, pueda recibir adecuada educación y, aún más,  emprender el camino de su autorrealización personal.
 Sin embargo, la lucha es hasta el momento estéril, ya que una gran parte de los argentinos son pobres, no acceden a la educación y ni pensar en su realización personal, es decir están lejos de haber logrado una vida acorde a una condición auténticamente humana.
Y esto, ¿por qué sucede? Porque la vida digna de los más depende, razonablemente, de las actitudes, decisiones y responsabilidades de los representantes del pueblo.
  Es bueno pensar que el significado de la palabra dignidad está relacionado con el decoro, la ética, la autonomía, el libre albedrío que permite al hombre actuar con libertad,  rectitud y honradez y de acuerdo a una recta razón. La libertad es posible a través de la educación que lleva  a las personas a tomar decisiones en base al conocimiento sobre temas de su competencia y haciendo uso de la plenitud de su inteligencia.
Los individuos autónomos crecen y con ellos lo hace también la especie, al sumar a la memoria colectiva sus logros, sus creaciones, lo nuevo que tienen que decir, una visión más amplia del mundo que surge solamente cuando se hace fecundo el pensar y el hacer.
El timón de proa del crecimiento tiene mucho que ver con el actuar y espíritu digno. Sin la búsqueda de la verdad, de armonía y justicia  el hombre no podrá avanzar.
La dignidad es la que da lustre a las acciones humanas porque se basa en el respeto por sí mismo, en la autonomía de su obrar, en su capacidad de hacerse responsable de su proceder que responde a la voz de su fuero íntimo.
Pero, ¿qué pasa cuando la dignidad tiene un precio en el mercado de valores y se compra y vende al mejor postor?
Los argentinos sentimos que la mayoría de los representantes del pueblo han vendido su dignidad y con ella su conciencia. Lo han hecho como muchos humildes  habitantes lo hacen porque están realmente necesitados y entregan su voto para seguir recibiendo prebendas, tales como un colchón que les permita dormir mejor, o una canasta de alimentos básicos; pero en el caso de aquéllos es injustificable e imperdonable porque han vendido su dignidad al alto precio de sus desmedidas ambiciones, lo que les debería obligar a poner la mirada avergonzada en el suelo.
Lo que al pueblo le llama la atención es que en la medida en que van perdiendo su dignidad también pierden sensibilidad social y la responsabilidad ante los perjuicios que provocan.
 La obediencia debida, su actuación en bloque, la falta de desarrollo de pensamiento personal, de independencia, de ideas nuevas, hablan, sobre todo, de su sumisa dependencia. ¿Por qué se someten de esa manera? ¿Miedo a perder sus cargos?, ¿prebendas?, ¿los beneficios extras?, ¿sobresueldos? ¿Por qué tanta obediencia si tanto se les advierte sobre  desastrosos efectos? Muchas y  fundamentadas denuncias han sido presentadas reiteradamente por personas autorizadas, y hasta por voces extranjeras. 
La indignidad de nuestros representantes nos empobrece, nos atrasa. Y ese precio, demasiado alto, pesa en la vida de cada ciudadano argentino. Ojalá supiéramos qué hacer para que no siga sucediendo. 
                                         Gladys Seppi Fernández

Poder judicial y sociedad




“¿Garantizan los altos sueldos de los jueces su dedicación a la administración de justicia? ¿Cuántos jueces han desafiado la opinión de los acomodaticios con resoluciones que pusieron entre rejas a funcionarios corruptos? La ciudadanía, cansada de privilegios exigirá justicia a la justicia”.

(De la nota “El sentido de la justicia de la justicia” Publicada por La Voz del Interior en el  año 2000)

La ciudadanía argentina, siente, -y lo expresa por cuanto medio tiene a su alcance,- que  dentro de los poderes que configuran nuestro Estado Nacional y aparte, por cierto, del ejecutivo, es el judicial el que más deudas viene acumulando con el pueblo.

Empezamos diciendo que se admite y admira a muchos miembros del poder judicial que cumplen dignamente su función aún a riesgo de perder sus puestos,- muchos han sido suspendidos y castigados de diversas maneras. Sin embargo de la misma manera que unas golondrinas no hacen verano, esas meritorias acciones de jueces probos no alcanzan hoy a devolverle al Poder Judicial argentino el prestigio que debiera darle resplandor y hasta podemos decir que prevalece el sentimiento, transformado en una concepción robusta y firme, de que mientras los otros dos poderes están destinados a caducar, los miembros del Poder judicial, nombrados a perpetuidad, detentan el gran poder que les ha sido conferido hasta su jubilación, y solamente una resolución del poder ejecutivo, -que los pone en sus cargos a través del Consejo de la Magistratura- puede destituirlos. Y creemos que es en ese hecho donde surge su dependencia del ejecutivo, generando lo que los ciudadanos percibimos como una justicia de mano temblorosa que dicta sentencias sometidas a la voluntad del poder central. Y el pueblo las percibe como caprichosas, dudosas, ambivalentes, y aún más, tímidas y demoradas resoluciones. 
Nunca como en esta década el pueblo ha sido testigo impotente de las vergonzosas actuaciones de algunos jueces venales, débiles, miedosos, que sin respeto alguno por la opinión pública han encubierto las acciones delictivas de muchos de nuestros gobernantes, deteniendo juicios, demorándolos hasta el escándalo, encajonando testimonios, aletargando disposiciones, disimulando hechos, sobreseyéndolos, dejando que actúen, en fin con total impunidad, dando la sensación, -que ha terminado por transformarse en certidumbre-, de que son parte del reparto del gran botín en que se han transformado las arcas del Estado.
La sensación reinante es la de total impunidad y sus consecuencias son de extrema gravedad, porque del malísimo ejemplo que se da, deviene el accionar de una delincuencia que actúa sin frenos. 
     El poder judicial argentino adolece, además, de una grave falta que empalidece aún más su exigible honorabilidad y la necesaria credibilidad  que  se viene cimentando a través de mucho tiempo: su interés pecuniario, su defensa, a ultranza,  de un derecho que la ciudadanía no considera como tal y que por lo mismo es, a los ojos del pueblo, indefendible: no pagar el impuestos a las ganancias a pesar  de los altos sueldos que perciben. Los ciudadanos nos venimos preguntando por las razones de este urticante privilegio.
Ya en el siete de abril del año 2000 La Voz del Interior publicó mi nota “El sentido de justicia de la justicia”, que expresaba cuánto socava el respeto debido a tan alto y necesario poder republicano el hecho de que los jueces, ellos mismos, hubieran decidido abstenerse de tributar como lo hacen todos y cualquier  asalariado argentino. 
Pues bien, sumado a este hecho, hoy muchos jueces y miembros del Poder Judicial, entre los cuales hoy emerge con más visibilidad Oyarbide, actúan ya sin disimulos y con tan inescrupulosa parcialidad en lo que se ha constituido un ominoso mercado de influencias, que el pueblo escucha ya sin asombro y hasta adormecida su sensibilidad sobre  las caprichosas resoluciones  de encubrimiento del ejecutivo, en tanto otros jueces, calificados por su digna rectitud, terminan por callar, aprobando así actuaciones que denigran a la totalidad del cuerpo que ejerce la justicia argentina.
Las escasas y valientes manifestaciones de algunos jueces  cuyos nombres enaltecen su tarea, no alcanzan a derribar la sensación de que el país está inundado de un estado altamente corroído. La impunidad mayúscula nos está gobernando y la temblorosa sensación de que Alí Babá y sus secuaces pueden irrumpir en cualquier lugar para  acallar a los honestos, nos invade con su frío amenazante.
Ya no hay frenos en nuestro país porque, lejos de evolucionar hacia una situación superadora, los problemas sociales, lejos de haberse solucionado han explosionado en una catarata de actos de corrupción, de injusticias que no sólo siguen vigentes sino crecen desmesuradamente y sobre las que hace quince años escribíamos: “Los sueldos de los jueces, de los legisladores y las jubilaciones de privilegio que a ellos favorecen fueron siempre motivo de irritación para la sufrida clase trabajadora, que se pregunta: ¿qué privilegio- de derecho privado- asiste a estos trabajadores cuyos sueldos marcan tan visibles diferencias. ¿Acaso garantizan sus abultados sueldos mejor administración de justicia?...La ciudadanía no cree en la respuesta que ha dado el juez Carlos Huespe: “La intangibilidad no es un privilegio sino una garantía de independencia”.
¿Independencia? La palabra cosquillea en la conciencia ciudadana.
Esperamos que dentro de un plazo cercano los actos de la ciudadanía puedan respaldarse en una justicia realmente justa.
                             Gladys Seppi Fernández
    

Argentina en la mirada del mundo. ¡Qué mal nos ven!





       ¿Qué arruina a un país?, ¿la riqueza fácil tal vez? 
       Cuando queremos abarcar la totalidad de una escena , de una situación o suceso y comprenderla mejor nos alejamos buscando una perspectiva que nos permita observar con más claridad. Cuando queremos entender nos sacudimos la subjetividad y la mirada parcial intentando enriquecer el entendimiento con otras miradas, otras opiniones.
       Nada más obturado, cerrado y oscurecido que el punto de vista de un fanático, de un interesado en creer y hacer creer solamente lo que él ve.
       En nuestro país predomina esa manera de ver: si se es partidario del gobierno, todo lo que la presidenta haga, resuelva, determine estará bien porque se la considera infalible; si nos alineamos en la oposición solamente veremos sus errores y, ¡Cómo cuesta aceptar sus aciertos!
    Quienes desean ampliar  la, por lo general  obtusa mirada del argentino se nutren de lo que ven los de afuera. Y la verdad es que, desde la muerte de Nisman los ojos del mundo se dirigen a nuestro país atraídos por el colmo de sus desaciertos y desdichas. Pero no solamente el gobierno es duramente criticado por el tratamiento tan poco inteligente del gobierno a la muerte de Nisman, también escandaliza la actitud del pueblo argentino y llama la atención “la capacidad de tolerancia o indiferencia del pueblo, su aceptación de lo inaceptable”.
    Y aunque la marcha del 18f haya paliado la generalizada impresión de nuestra indolencia, “este país – como dice el periodista Jorge Fernández Díaz- que estaba en los márgenes más olvidados de  la atención mundial, vive una larga y enigmática decadencia”, ahora, ha concitado  la atención del periodismo  planetario, ha ocupado la primera plana de los diarios más leídos del planeta que se preguntan cómo es que pasamos a tan alto grado de mediocridad, cómo se degradó un pueblo que se distinguía 100 años atrás, cómo es que retrocedimos tanto en lo principal: educación y capacidad reflexiva, en proyección al futuro, en capacidad participativa. El mundo nos mira ya no sólo al gobierno, cuyo accionar causa espanto, sino al pueblo que lo permite en estado de total indolencia cívica.
    Mario Vargas Llosa pone el dedo en la llaga. Una llaga invisible, subterránea pero tan omnipresente como nuestra capacidad de hacernos los distraídos, de decir acá no pasó nada. En una nota publicada por La Nación titulada “Grecia, el harakiri de un país”, el consagrado escritor utiliza el ejemplo del ritual de la inmolación personal, que fuera tan común en Japón, para extenderlo a las formas de un harakiri colectivo, un ritual de la inmolación  que practican algunas naciones que “en un desvarío pasajero o prolongado deciden empobrecerse, barbarizarse, corromperse o todas esas cosas a la vez”.  Por el camino de los ejemplos el afamado escritor alude a la Argentina, caso que escandaliza al planeta porque después de ser un país del primer mundo “decidió retroceder y arruinarse … por una heroica perseverancia en el error de sus electores que continúa todavía”.
“Esperemos que algún día los dioses o el azar devuelvan la sensatez y la lucidez a la tierra de Sarmiento y de Borges”, termina la triste alusión a lo nuestro. 
     Por otro lado, en una nota que se publica como editorial del Diario El Mercurio de Chile, su autor lamenta la situación indescriptible, injusta y arbitraria que vive la Argentina “a partir de la voluntad omnímoda de tránsfugas y asesinos seriales que han convertido a la democracia en un instrumento idóneo para sus latrocinios y perversidades”. El autor afirma que existen responsables directos, con nombres y apellidos, secundados por cómplices secuaces, testaferros, súbditos etc., del mayor genocidio ocurrido en la historia de América Latina. Cientos de miles de habitantes de este suelo condenados a la muerte por olvido, pobreza, promiscuidad, enfermedades, vicios promocionados, analfabetismo, pues los fondos destinados a cubrir sus necesidades fueron a parar a los bolsillos de los sujetos (as) mencionados”.- Denuncia
        Admira a los chilenos el hecho de que, sin ninguna limitación, desparpajo y en la mas insolente impunidad, merced a la mentira y la tergiversación instrumentada de hechos, historias y circunstancias se maneje a la perfección la estrategia para el mal quienes nunca pagarán sus crímenes de lesa humanidad potenciada, porque "lo han hecho en democracia". Pero más se agudiza su dedo acusador cuando afirma que la argentina es una sociedad que en el fondo no desea ser salvada porque  le da igual cualquier cosa “mientras puedan dormir tranquilos la siesta. Es que se han agotado todo tipo de reservas y límites morales y espirituales”. 
     Gloria a la imagen de la Argentina que fue. Desprecio a la Argenzuela actual en que lo más grave es que el pueblo, cada vez más ignorante, vota por las dádivas que recibe sin trabajar y sin importarle en absoluto la destrucción del país.

De las botineras a los políticos faranduleros

                           

“Es la sociedad, estúpido”- (Parafraseando a Clinton).

        Hace unos años hablábamos de las botineras,  las bellas chicas que iban a las canchas a la caza de algún galán futbolero y que lograban o logran aún no sólo la tan ansiada conquista sino notoriedad y un importante ascenso económico. En estos años y aún hoy se sigue produciendo el encuentro y así se hicieron y se hacen  famosas muchas jóvenes hermosas que pescan su botín.
   Por estos días son noticias  las politiqueras, si es que así las podemos llamar, y son las que se encuentran con hombres de la política, buenos partidos entre los mejores porque en la Argentina son los que tienen los mejores sueldos, los que más y mejor recaudan, los que se han hecho ricos y pueden ofrecer bodas y viajes y casas fastuosas sin que nadie- excepto  casos que intentan dar ejemplo de una justicia inexistente como el de Fariña y otros-, se los moleste para preguntarles  sobre el cómo lo lograron.
    Hoy se habla y se publica sobre las politiqueras pero se carga más la tinta en los políticos faranduleros, que al relacionarse y hasta casarse con mujeres famosas como son las bailarinas y vedettes en nuestro país, ganan una pulposa popularidad que, de ninguna manera hubieran logrado ni con la mejor de las gestiones, ni dando ejemplo de muy buenos atributos para organizar y gobernar. El mérito acá es mostrarse y hacer alarde de haber conquistado a una bella mujer, con la que se pavonean y hasta se casan  sabiendo que ese hecho les traerá el gran rédito de hacerse conocidos, prensa mediante.
    Prensa mediante, porque en este fenómeno la prensa es actriz principal, es ella la que fogonea el espectáculo, sabiendo que es lo que vende más y entendiendo también que basta que se hable de ciertos personajes para que el gran público, que poco se preocupa hoy por sus reales aportes a la grandeza nacional, ahora tendrá motivos para convertirlos en objeto de sus conversaciones,  para repetir su nombre y a fuerza de repetición ponerlos en el más alto lugar del podio de los argentinos famosos, lugar que ocupan futbolistas, vedetes, cantantes, figuras del espectáculo.
   Y éste es un tema que merece un profundo análisis de nuestra parte, del pueblo, de los que propiciamos esos ascensos indebidos a la consideración por el sólo mérito de llamar la atención como sea posible.
    Lo que comentamos ha ganado fuerza últimamente, personas que vienen actuando con llamativa indecisión y algunos hasta faltos de ideas claras y mucho menos, por cierto, conducentes a lograr algunos de los cambios que se reclaman, acaparan la atención de las cámaras y la gente se deja encandilar por la intensidad de su luz.  Así van subiendo en las encuestas. ¿Cuál es su mayor mérito? Llamar la atención con sus presentaciones en programas populares, con bodas espectaculares, con la expectativa que van creando.
    Del otro lado la gente. El público obnubilado, un pueblo arrastrado por fogonazos a las más  irreales y frívolas apreciaciones, una mayoría  que confunde valor con apariencia, y que termina volcando el favor de su voto para que ocupen los altos cargos de conducción, en  personas que ostentan como gran mérito el de ser, justamente ostentosos, sin que nada sepamos de su ser profundo, de sus talentos puestos al servicio de la comunidad, que es lo que necesitamos  para sacar al país del embrollo actual que a todos perjudica. 
     ¿No es acaso, muy llamativo que la consideración pública hacia la figura presidencial aumente en la medida en que alardea de temeridad o se enferma o enfrenta irracionalmente a los poderes del mundo? Pura teatralización que cumple su cometido: deslumbrar, fanatizar, anular el pensamiento y las conciencias.
    Para enfrentar tan dañina y fomentada  irrealidad hace falta un arduo trabajo de los que aún se sustraen atan primario deslumbramiento; es necesario que quienes conservan una visión más clara de la realidad y aún pueden nombrar a las cosas por su nombre, participen y se comprometan en la contraofensiva.                                      
     Será bueno  que intentemos esclarecer, por ejemplo, si es el público el que pide y se abandona al dulce paladeo de engañosos espectáculos o si éstos son herramientas que emplea la mala política para reducirlo y dominar su voluntad, lográndolo.
    Pensamos que, si la mayoría de los argentinos fuera educado en la reflexión, la introspección, la exigente búsqueda de mayor calidad de vida, leería mejor la realidad y no aceptaría ni seguiría ni  aplaudiría lo que en los países más adelantados y serios se consideran payasadas absurdas.  
     Creemos que la ignorancia, el fanatismo, la falta de reales y personales proyectos que crecen alimentadas por un consumo vil, retroalimenta,  en las grandes masas, a su vez, la afición al circo, la conducta de la chismografía, la que exalta a personajes innombrables.
     Por otra parte, los medios de comunicación se suman activamente a un circuito que parece no tener fin y que subsume a países empobrecidos en la “sociedad del espectáculo” como la nombra en su libro el escritor francés Guy Debord y más recientemente Vargas Llosa en su obra “La civilización del espectáculo”.
    “El espectáculo es el corazón del irrealismo de la sociedad real” dijo el primero de los escritores nombrados, y “constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante”.
   Es bueno saber que,  como ellos, otros autores nos advierten que hay en la sociedad actual una tendencia a la mera representación que  reemplazó la valoración de la conciencia social y el compromiso con la realidad por la propensión al entretenimiento y la distracción, como afirma con contundencia Vargas Llosa.
   ¿Qué resta por hacer, entonces?
    Quizás intentar despertar conciencias y como humildemente cada uno pueda hacerlo; quizás generar  espacios donde se hable de la banalización de la realidad que nos subsume en un engañoso mundo de apariencias; quizás contagiar esta preocupación tan vital a los medios, sobre todo a la TV, para que dedique tantos espacios como los dispuestos al mero entretenimiento- que es decir a la estupidización de la gente- a otros que permitan despertar conciencias:  que el público sepa qué mundo habita, por qué actúa como actúa, qué filosofía imperante evapora su sentido de la ética, su compromiso con la realidad, por qué prefiere a un político que escandaliza sobre el que piensa y actúa coherentemente, por qué pone en tan alto lugar lo que lo distrae y divierte desestimando lo que obliga a razonar y elevarse, por qué actúa con tamaña desaprensión ciudadana, por qué deja en manos de gente que miente, fantasea y crea una realidad falseada, su propio destino.
    Tal vez por el sólo hecho de reflexionar sobre el tema surjan buenas ideas. Y acciones.

                                         Gladys Seppi Fernández