Enfrentar el dictado de educación sexual


“En cinco años en la Argentina 2008 niñas menores de catorce años  tuvieron un hijo”. “Admiten que creció el abuso sexual de niños de 6 a 11 años”, son algunos de los alarmantes titulares que recientemente ha publicado La Voz del Interior.


   Ambos temas, entre tantos de cada día,  denuncian graves falencias, yerros que, como la mayoría de los que más nos preocupan, afectan los vínculos humanos que pertenecen al campo de la sexualidad.
   Sin embargo esta última palabra aún  produce escozor, y el hablar sobre los temas que a ella se refieren, que son los de la vida, es rechazado por demasiados adultos, padres muchos de ellos, por lo que es común escuchar de sus bocas frases como:
   “Creo que la educación sexual debe ser impartida en el hogar, que el tema atañe a lo íntimo y que no puede ser la escuela la encargada de hacerlo”.
   Las maestras- con quienes hemos mantenido diversos diálogos- también dan cuenta de la falta de apoyo familiar para dictar educación sexual en la escuela: “¿Hablar de ecuación sexual con los alumnos? No, yo no me atrevo a hacerlo, ¿y después qué hago con los padres que vienen a quejarse?”, o “No quiero tener problemas con los padres, ellos escuchan la palabra “sexualidad” y piensan que vamos a hablar del acto sexual y no quieren que nos ocupemos sobre el tema en la escuela, de manera que  no quiero dar esta materia, no tengo por qué pasar más disgustos”.
   Otro de los pretextos que se utilizan para postergar este tratamiento es la falta de preparación y la dificultad de encontrar los temas a desarrollar. ¡Como si no estuvieran presentes cada día y en todos los ámbitos! Como si la realidad no los brindara a manos llenas y a la vista de todos.
  Aunque los adultos de hoy no fuimos preparados para enfrentar nuestra realidad sexuada,  la realidad aprieta y vamos advirtiendo cuán profunda conexión existe entre sexualidad y vida,  de tal manera que  cuantas preguntas, observaciones, comentarios, vivencias tengamos diariamente nos remiten a hablar de los géneros, de los sexos,  de las edades del desarrollo humano, de las uniones, buenas o malas, de los resultados de esas uniones, de los desencuentros de las parejas y sus desavenencias, de los divorcios, de los hijos,   de su crianza, muchas veces de su abandono, de su mala  o buena conducción, de la felicidad, de la potenciación de fuerzas, de la violencia… porque todo lo que nos pasa, las frustraciones, las perversiones, las actitudes ante la vida, los deseos de ser más y mejor o el estado contrario, la depresión en que tantos van cayendo, dependen de cómo vivimos, de cómo hemos resuelto la herencia de los viejos mandatos y de cómo hemos aprendido y decidido  vivir nuestra sexualidad.
   Sobre los temas, entonces, no hay dudas, podemos decir que aparecen en nuestra vida cotidiana, se meten en el hogar a través de las noticias, se llevan a la escuela en los comentarios. No hay que salir a buscarlos ni cerrar las puertas del aula para decir: ahora vamos a hablar de temas ocultos, secretos, íntimos, sino que se debe soltar la mirada alrededor y allí encontrarlos.
   Los temas a tratar no permiten dilaciones. Además, los chicos están necesitando y esperando que los adultos les aclaremos con palabras y ejemplos las ideas muy confusas que tienen sobre algo que afecta su existencia, su vida sexual, sus pulsiones, la fuerza de la vida de su despertar hormonal.
   ¿Acaso deben los mayores oponerse a dialogar sobre estos asuntos? ¿Acaso desconocen el poder de la palabra, de la prevención, de la reflexión? ¿Acaso la mayoría de los padres habla de sexualidad en su hogar y en tal caso cuál es el nivel de conocimientos del que disponen para tratar el tema adecuadamente?
   ¿Han ampliado, para empezar,  su visión para sacar la palabra  “sexualidad” del marco estrecho que la limita al acto sexual, dándole el  significado amplio que la relaciona con los vínculos construidos por el ser humano a partir de los encuentros, elecciones y decisiones? ¿Han sopesado que a partir de esos vínculos se generan vidas más o menos felices o desdichadas? ¿Han realizado las necesarias autocríticas como para sacar conclusiones de cómo llevan adelante su propia relación de pareja y de padres, su propia sexualidad?
   Hacemos preguntas que deben llegar hasta el meollo y sin concesiones para descubrir si somos o no personas auténticamente felices, gozosas, maduras, optimistas, activas, satisfechas con la existencia.
  De nada valen las palabras si los adultos actuamos fragmentariamente, si hay disociación entre el decir y el obrar y no vivimos adecuadamente nuestra propia sexualidad, la que exhibe una auténtica armonía vital producto de una construcción armónica de nuestra existencia, si no somos sexualmente maduros como para vivir, ya sea  solos o en compañía en estado de plenitud.
   Si no hay paz en el hogar, si el padre o la madre violentan física o psíquicamente al compañero, si no se respetan, si cada uno hace con su vida lo que le viene en ganas porque “hay que disfrutar, pasarlo bien, gozar”,  la buena sexualidad está perdida  y esto quiere decir que también se  pierde la posibilidad de hacer una buena vida y transmitir un buen ejemplo a los descendientes. Educarlos sexualmente.

   Por otra parte: ¿Qué actitud asumen los padres cuando una hija púber les da la noticia de su embarazo? ¿Qué respuestas dan a la niña que acusa a un familiar, a un vecino, a un conocido que la ha violado? ¿Saben de los padecimientos psíquicos y físicos que afectarán a la niña o al varón de por vida a partir de la violación de su intimidad? ¿Conocen las consecuencias de las relaciones sexuales prematuras, el daño que sufre el aparato psíquico, el fracaso de un matrimonio forzado en plena etapa de inmadurez, las marcas que deja el  aborto, la importancia que tiene para la vida humana la relación de la madre con su bebé, etc.?
  Todos estos temas son motivo de estudio dentro del ámbito de la sexualidad, y para conocerlos hay que leer, prepararse, asombrarse, admirarse- primero hacerlo los mayores para poder transmitirlo a los chicos-  no sólo por la misteriosa ingeniería biogenética que va transmitiendo la vida de generación en generación sino también por el plan de desarrollo lento y progresivo que permite que los hombres crezcan, maduren, lleven al máximo sus potencialidades y cumplan con su destino logrando un estado más satisfactorio y feliz  que el que actualmente existe en tantas vidas.
   Para alentar la puesta en práctica de la educación sexual en la escuela, diremos,  que la experiencia demuestra que si bien los padres mantienen inconscientemente una forzada resistencia al abordaje del tema sexual, cuando advierten la buena conducción de alguien preparado, bien orientado como debe serlo un buen docente, dejan de lado sus prevenciones y desconfianza y hasta agradecen que alguien haga lo que ellos no se atreven o no saben hacer.
   Será la adecuada preparación, el saber, la investigación sobre los misterios hasta ahora inexplorados de la sexualidad lo que vendrá a dar respuestas a tantas incógnitas sobre el comportamiento humano en relación al género a que se pertenece, fortaleciendo en el docente la convicción de que es  necesario que se dedique sin demora al estudio compartido con sus alumnos, convencido, esta vez, de que es ineludible y elevada esta misión,  esta nueva responsabilidad que se le ha encomendado.
  Asumir con coraje y convencimiento el dictado de una materia esencial es el desafío actual. No existe asignatura que tenga tanta conexión con la vida, que proporcione temas  de mayor interés por su contacto con la realidad y que merezcan ser desarrollados porque de ellos dependen vidas, estados de satisfacción o depresión y hasta muertes prematuras provocadas por una elección errada y vínculos signados por sentimientos negativos como celos, desconfianzas, deseos de dominación…estados de inmadurez que deben ser superados.
  Ha llegado el momento de enfrentar el dictado de educación sexual, con responsabilidad, con una base de adecuados conocimientos, convencimiento y, por sobre todo,  con auténtico y sano entusiasmo.
   Entonces puede darse la  posibilidad de que dentro de un tiempo los titulares de nuestros diarios hablen de la disminución de embarazos de adolescentes y de niños abusados, entre otros males que la educación sexual está destinada a prevenir y corregir. 

                                            Gladys Seppi Fernández

                                        Autora de “Curso de educación sexual”

Posiciones opuestas en educación sexual

¿Nos atreveremos a educar o nos limitaremos a instruir? ¿Nos decidiremos por la demagogia del “prohibido prohibir” o nos arriesgaremos a decir “no” cuando corresponda? Gladys Seppi Fernández. 28/04/2011 00:01 | Gladys Seppi Fernández (Autora del libro “Curso de educación sexual”)
La educación sexual en Córdoba, que debe responder a la obligatoriedad establecida en la ley nacional 26.150, se debate actualmente entre diversas posiciones, que generan distorsiones y crean confusión e incertidumbre en el docente sobre el sentido que debe dar a una materia que le resulta muy difícil de integrar, abarcar holísticamente y, como consecuencia, dictar. ¿Difícil? Sí, sobre todo cuando hemos asistido a resonantes equívocos en su enfoque.
Los adultos no hemos recibido una educación que profundizara y permitiera reconocer, por ejemplo, el sentimiento verdadero del amor, el que exalta y busca el acercamiento, y culmina su expresión en la unión sexual, oponiéndolo al enamoramiento, emoción pasajera inicial que acomete con fuerza, anula y ciega, de modo tal que puede llevar a cometer yerros traumáticos (embarazo adolescente).
Hubo rotundos cambios y bien sabemos los adultos cuán necesitados están ahora nuestros adolescentes de conocimientos que les permitan armarse de sus propias respuestas en el reacomodo de una edad que los llevará, o no, a lograr una personalidad sólida.
Actitud docente. Dejando a un lado a los que descreen totalmente de los beneficios y se oponen con franqueza al tratamiento de la sexualidad en la escuela; a los que son totalmente indiferentes y a los que consideran políticamente inconveniente impulsar la educación sexual, destacamos las dos posiciones opuestas que se definen en la actualidad:
Permisivos. Son los que, comprendiendo las urgencias sexuales de la población adolescente, asumen actitudes de total permisividad ante una sexualidad vivida sin barreras, transmitiendo a los adolescentes, eso sí, los conocimientos necesarios para que eviten riegos de enfermedades y embarazos indeseados. Esta posición indulgente y permisiva, conquista, como es natural, muchos adeptos y parece ser la que triunfa en la escuela.
Reflexiva. En una posición opuesta, se encuentran los que sostienen que la educación sexual es mucho más que instruir sobre métodos anticonceptivos y que ha llegado la hora de comprender que el verdadero control, el que vale la pena ganar, es el que brinda los conocimientos, la reflexión a la que se llega por la educación, cuya misión fundamental es despertar la conciencia, la admiración, el respeto y el cuidado por la vida, el amor, el otro. Así, por la reflexión, se desactivan los impulsos que atan al individuo a lo más primario. En esta educación sexual integradora, se considera fundamental, por ejemplo, incorporar, entre otros temas, el análisis del papel materno en la formación del ser, la influencia vital de su transmisión amorosa y positiva o de la angustia y sinsabor que se transmite al esperar a un hijo indeseado, como sucede en el caso de tantas adolescentes o mujeres adultas mal preparadas.
Por el camino del conocimiento y la reflexión, sin represión, los menores pueden y deben llegar a comprender que una sexualidad promiscua destruye el gozo de vivir y da lugar a traumas psicológicos profundos.
La revolución de la década de 1960 generó dolor y depresión. ¿No habrá llegado el momento de iniciar una contrarrevolución sexual que ponga las cosas en su lugar, que se atreva con los verdaderos nombres y la importancia de formar vínculos fuertes basados en una sexualidad sana? ¿Nos atreveremos a educar o nos limitaremos a instruir? ¿Nos decidiremos por la demagogia del “prohibido prohibir”, ganando dudosas simpatías, o nos arriesgaremos a poner límites, a decir “no” cuando corresponda hacerlo?

Enfrentar el dictado de educación sexual


Ojalá que 2011 nos encuentre 
mejor dispuestos para esa tarea. Gladys Seppi Fernández.
19/11/2010 00:01 | Gladys Seppi Fernández (Autora del libro “Curso de educación sexual”)

“En cinco años, 2.008 niñas menores de 14 años tuvieron un hijo en la Argentina”; “admiten que creció el abuso sexual de niños de 6 a 11 años”. Éstos son algunos de los alarmantes titulares que recientemente publicó La Voz del Interior .

" Los Docentes No Leen "


La nota publicada por LA VOZ DEL INTERIOR con el título:

“ Mucha TV y pocos libros”, en referencia a datos presentados por el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación, (Iipe)- UNESCO, y comentada por algunos medios televisivos sobre la escasa dedicación de los docentes a la lectura, asistencia a bibliotecas, museos, conferencias y cursos de temáticas diversas, es decir muestras de interés por cultivarse, seguir investigando, actualizarse y crecer, ha desatado interesantes debates.

¿ Que los docentes no leen? ¿ A qué se refiere ese “ no leer” cuando muchos consideran que, colmados de circulares, nuevas disposiciones, producciones de los mismos alumnos y textos que deben transmitir pasan horas decodificando- en muchos casos descifrando- textos?

Ese argumento, utilizado por algunos profesionales de la educación y afirmado por otros que confiesan: “cuando llego a mi hogar digo basta a tanto leer”, nos lleva a preguntarnos a qué tipo de lectura se refiere la UNESCO en su estudio.

¿ Acaso se refiere a los textos informativos que los maestros y profesores están mínimamente obligados a conocer para transmitir información y conocimientos, o, se refiere, en cambio, a la lectura formativa, nutricia, seleccionada de acuerdo a gustos y necesidades internas que van más allá de lo puramente aplicable en el aula y que puede hacerse leyendo buenos textos cualquiera sea su soporte, aún de la TV?

Consideramos que éste es el punto en que debe centrarse la discusión, porque a lo que la Encuesta se refiere, es, sin dudas, al consumo cultural del docente en relación a la formación de su mundo sujetivo y su impacto en su tarea formadora.

LO QUE DICEN LOS DOCENTES

Los docentes, en general, pero sobre todo los de las escuelas primarias- que son los más cuestionados por el estudio- se han defendido aduciendo que no leen por diversas causas: escasez económica para comprar libros, falta de tiempo, desgaste físico y falta de fuerzas después del arduo trabajo con los chicos como para salir nuevamente de su hogar y asistir a centros irradiadores de cultura. También hablan de falta de estímulos “ al final no se valora ni a los creativos, ni a los que saben más o enseñan mejor”, se escucha.

Nosotros, padres, familiares, amas de casa, los que estamos al otro lado de la escuela pero lamentamos la situación de anomia en que ha caído la formación de los niños y adolescentes, intentamos aportar a la problemática nuestra propia visión.

LOS DOCENTES, PARTE DE NUESTRA REALIDAD

¿Que los docentes no leen? ¿Por qué habría de extrañarnos?

¿ Acaso no son ellos, también, habitantes de un país en el que la mayoría no lee, no busca información, descree o ni siquiera se pregunta sobre los beneficios formadores de la buena lectura?

¿Acaso no se habla de la muerte del libro- de los libros formativos, de los buenos textos, de las publicaciones de excelencia? ¿Acaso no se multiplican, en cambio, las páginas llamadas “ amarillas “, publicaciones que distraen la atención que demanda la realidad describiendo y narrando vidas ajenas, caras y cuerpos bonitos, argumentos chismosos, andanzas frívolas que bien pueden entretener pero que sólo distraen del paso del tiempo, sumergen en la pasividad, enajenan del propio sentido? Y acaso, por fin, ¿no debemos confesar que la TV, reina de la casa, cada vez más llamativa, estruendosa, gigantesca y metida en los hogares, ha hecho presas, a las mayorías, de su fascinante mediocridad?

¿Por qué entonces ha de pedirse a los docentes que escapen a su encantamiento, a los argumentos de novelas que sobrecogen las emociones con sus recursos tan bien estudiados para mantener el suspenso, distraer la atención y hasta la voluntad de actuar? Y si se trata de noticieros, ¿no es verdad que cada día son más llamativos, estruendosos, condensadores de lo malo sucedido y por suceder como para sacudirnos y hacernos sentir que por suerte estamos vivos?

Lo que algunos docentes - los menos- han confesado es que prefieren ver por horas TV a la lectura de un buen libro, de una página de opinión, de un texto reflexivo.

LO QUE LOS BUENOS LIBROS ENSEÑAN

Ana Quiroga en su libro “ Matrices del aprendizaje” aporta- a quienes lean sus inteligentes páginas- análisis que bien pudieran ser utilizados para explicar por qué en nuestro país la mayoría no tiene desarrollado el hábito de la lectura, fenómeno que involucra, lamentablemente, a quienes, por ser profesionales de la educación, debieran ya haberlo incorporado, como condición básica de su formación.

La autora habla de lo que llama “matrices de aprendizaje”, diciendo que el pensamiento y comportamiento humanos responden a una “matriz o modelo interno de aprendizaje que es la modalidad con la que cada sujeto organiza y significa el universo de su experiencia y sus conocimientos”.

Siguiendo su aporte podemos decir que esos modelos o matrices se construyen a lo largo de nuestra trayectoria como seres biológicos, emocionales y sociales y pueden ser estructuras cerradas- lo cual perjudica y disminuye las capacidades de su portador pudiendo constituirse en graves patologías- o en cambio ser abiertas, en movimiento continuo y dispuestas a permanentes modificaciones. Además pueden ser de orden individual o social por lo que podemos hablar de “matrices de comportamiento argentino”, por ejemplo.

Es indudable que la realidad actual, construida bajo el síndrome del cambio permanente, necesita de matrices de pensamiento abiertas y dispuestas a adecuarse y responder a las exigencias cada día mayores del contexto.

Sin embargo, ¿ha formado, la misma escuela de la que egresan nuestros docentes, mentalidades para esa necesaria adaptación? ¿Son los docentes personas dispuestas a cambiar, lo que significa crecer permanentemente?

Consideramos que el autoritarismo que ha imperado en la escuela argentina, la lección repetida, la negación de la creatividad, el nivelar “para abajo”, han formado mentalidades poco dispuestas a las transformaciones.

Por otra parte, la cultura del zafar, “ zafar y pasar, zafar en los exámenes”, la “ viveza criolla que sigue reinando entre nosotros, haciéndonos creer que es de vivos esforzarse lo menos para aprobar, rendir exámenes rogando

“que nos toquen las pocas bolillas estudiadas”, esa mala costumbre de

“estudiar para la nota, la maestra o el profesor” que nos viene de la tradición, de la política del acomodo, de la recomendación, del hacerla fácil que ha alimentado la misma complicidad familiar, son un manojo de malos hábitos que han viciado la conducta de los argentinos en general y hecho de la matriz ciudadana de las mayorías una disposición al facilismo, una negación del esfuerzo.

Además, el Estado, tradicionalmente demagogo y clientelista, conserva y sigue alimentando esa matriz receptora, pasiva, y en demasiados casos, parasitaria, en la que se ha grabado, a fuego, la idea de que no hay para qué esforzarse.

CÓMO SALIR DE ESA MATRIZ

No es de extrañar, entonces, que el docente, subsumido en la realidad de las mayorías, se resista a un acto que, como lo exige la lectura, demanda esfuerzo.

En el silencioso acto de leer, sobre todo textos en que el pensamiento se eleva y las ideas nos sobrevuelan, se requiere el ejercicio que suele resultarnos más difícil: el de la introspección.

Cada palabra, oración, párrafo, las llamadas micro estructuras van formando para el lector nuevas visiones, otras perspectivas, emociones, vivencias, reflexiones cargadas de sabiduría, obligándolo, a una macrovisión en la que ubique su propia existencia.

La buena lectura nos lleva a ser nosotros mismos, a despertar del letargo impuesto por la sociedad consumista, permitiéndonos ser protagonistas creativos de una nueva realidad que sólo los buenos libros pueden transmitir.

Por eso, leer un buen texto, debe ser una acción surgida desde dentro de uno mismo, de acuerdo a las auténticas necesidades y preferencias- no impuestas por el mercado editorial y el marketing.

De esa manera vamos dando con textos que, desde cualquier soporte- un diario, una revista, un libro, un artículo de Internet, parece escrito para uno, nos habla a nosotros mismos, se incorpora a nuestro universo personal y lo dilata. Lo llena de luz.

Por eso Jaim Etcheverry, autor de “La tragedia educativa”, puede decir:

“No leo para saber más, leo para saber vivir”.

Por eso leemos hasta en un graffiti: “Leer es vivir acompañado”.

Por eso Borges pudo declarar: “No se llega a ser por lo que se escribe sino por lo que se lee”.

El llamado de una palabra, una película, una conferencia, una reflexión de los comunicadores televisivos o radiales, cualquier texto de la humana comunicación, puede operar la mágica apertura de matrices cerradas a lo nuevo, descubrir paradigmas, estimular el deseo de seguir creciendo.

Por lo tanto, los docentes que estén dispuestos a sumarse al hábito de leer, ganarán en su calidad de vida, en su condición de educadores y podrán pararse frente al aula, los padres y aún ante las autoridades educativas y políticas con la seguridad y solvencia que otorga una auténtica formación intelectual y espiritual.

Gladys Seppi Fernández


La lectura de un artículo publicado por LA VOZ DEL INTERIOR, nos acerca, por ejemplo, a las advertencias que Giovanni Sartori, sociólogo italiano que ha ganado la última edición del premio PRÍNCIPE DE ASTURIAS con su libro “ Homo videns”, hace en él sobre la TV como “ piratería financiera que nos ahoga”, afirmando que “el hombre que mira la televisión en exceso pierde la capacidad de entender la realidad que aparece deformada por la pantalla” El reconocido sociólogo acusa a los medios porque no informan sino deforman la realidad. La mayor parte de los programas, envilecidos por un criterio e interés puramente comercial no aportan a la formación de la persona.

En este libro- de gran difusión en su país, Italia, y en el mundo entero- Sartori acomete contra los empresarios que se adueñan de los medios de comunicación, seduciendo a las mayorías, induciendo inescrupulosamente al consumo adormilante y estupidizante , y “ que se enriquecen y consolidan con la propiedad de los canales y ajustan sus programas con estudios de audiencia que responden- cada vez en más pronunciada caída- a lo más fácil y bajo del hombre, lo que se supone la cultura y evolución ya debiera haber superado.

La lectura de libros como éste operan como el necesario sacudón que saca del estado de sugestión que invade a las mayorías. Pero , ¿ a quienes? A quienes leen, un diario, un artículo de reflexión, un libro cuidadosamente elegido.


“ No es joven quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

No es joven, - y realmente es viejo- quien hace de la televisión su gurú. Quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Quien no lee, quien no encuentra gracia en sí mismo, quien no se deja ayudar, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, quien no pregunta sobre un asunto que desconoce…

Si te vas a calentar que sea al sol; si vas a engañar que sea a tu estómago; si vas a llorar que sea de alegría; si vas a mentir, que sea la edad; si vas a robar, que sea un beso , si vas a perder, que sea el miedo, Y si existe hambre que sea de amor. Si es para ser feliz… que sea todo el tiempo”. - Pablo Neruda”

Anticipos de nuevos libros




CRISTINA

EJEMPLO DE UNA MUERTE DIGNA



11 de julio de 2009

            Faltan escasos días para el 26 de julio, fecha en que íbamos a realizar la reunión familiar de los primos Seppi, y vos, Cristina, hermana querida, que eras de las más entusiastas propulsoras de esta fiesta y hacías planes y leías lo que vengo escribiendo sobre nuestra familia, la Seppi, y dabas ideas y hasta hacías sugerencias y correcciones, acabás de entrar en un túnel sin posible regreso. A menos que se produzca un milagro, dicen algunos; ya no hay esperanzas, dicen los más; cuánto más se acelere su muerte menos sufrirá, decimos los que te amamos, (y hasta nos sorprendemos de decir lo que decimos y hasta de la calma con que lo hacemos).

Sin embargo, hasta hace una semana todos te veíamos tan bien, tan alegre y dispuesta, tan segura de que ibas a vencer al monstruo que te había nacido en tu cuerpo, que pusimos toda la mirada en la fiesta en que nos reencontraríamos con tantos primos a los que nos une un gran afecto, un profundo cariño que heredamos de nuestros padres y que se tejió en la infancia mediante reuniones, visitas y las ondas que emanan de la solidaridad familiar, de la preocupación por el otro, que son las que fundaron y crecieron a nuestra familia grande y que fuimos alimentando en encuentros, comunicaciones y sucesivas reuniones.

Y ésta era especial, íbamos a recordar a un primo querido, a Osvaldo que hace apenas tres meses- el 15 de abril- dejó sorpresivamente la vida provocando ese estupor que genera lo inesperado cuando el protagonista es un ser muy querido.

Ahora, sos vos, hermana, adorada Cristina, la que está quieta, casi inmóvil, inconsciente del mundo que te rodea, de los que te aman y lloran por vos, de los tantos que te amamos y no sabemos, porque no está en nuestras manos, cómo ni qué hacer para que vuelvas a estar consciente, vivaz como eras, toda voz y presencia.

Pero ahora, te estás muriendo, hermana, definitiva e irremediablemente.

Estás muriendo de a poco, mil veces muriendo (¡Como quisiéramos saber qué pasa con tu conciencia, qué sentís, qué estás pensando si es que todavía podés hacerlo!).A cada instante tu cuerpo se va entregando, va abandonando alguna de sus funciones vitales y sólo te va quedando la agitada respiración, la mirada perdida, alguna queja que hoy, día martes 14 de julio está también desapareciendo.

Apenas respiras, Cristina, y ya no respondes abriendo los ojos a nuestros llamados que suenan en el vacío porque vos no parecés saber de nadie, de ninguno de los que te estamos mirando

" La Libertad de Prensa "


Como todo tema sometido a la lectura y análisis, el de la libertad de prensa puede dejarnos en la superficie o sumergirnos en verdades profundas.

Para quienes leemos, escuchamos y vemos la noticia que nos trae cualquier medio de comunicación, sea oral o escrito, la libertad de prensa, aquella que apetecía Tácito, parece haber llegado a ser un logro del Siglo XXI, y casi podríamos afirmar que aquellas palabras: “ raros son esos tiempos felices en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa”, han sido superadas en un tiempo en que- eso creemos- se dice lo que se piensa y se escribe, publica y muestra lo que se quiere.

Eso se desprende de una primera lectura elemental que hacemos quienes somos receptores.

Y hasta es cierto que los consumidores de noticias e información, seamos lectores, oyentes o televidentes, nos maravillamos de que sea a través de la prensa como se descubren ilícitos, se desenmascaran increíbles casos de corrupción, se siguen las actuaciones de juicios resonantes, se pone en evidencia la mediocridad o elevado pensamiento de nuestros representantes, gobernantes, dirigentes y hasta se penetra en la intimidad de celebridades para auscultar sobre sus vidas.

Quien si no- nos decimos- sino una prensa libre y hasta poderosa puede poner en la burla a funcionarios y gobierno, aún, como ha sucedido, al mismo presidente de la república.

La prensa en sus múltiples manifestaciones parece haber alcanzado- ésa es la sensación de los consumidores- la libertad de movimiento necesaria para entrar y salir, golpear puertas y penetrar, desnudar, acusar, ponderar o denigrar. En fin someter al juicio público, levantando modelos, anulando o realzando valores.

Y algunos medios, como los diarios, pueden llegar a instancias más formativas de su transmisión a través de editoriales muy sesudas, de artículos de opinión que realmente alertan y abren la reflexión hacia campos más amplios del pensamiento humano.

Y qué decir y ponderar sobre los artículos científicos y culturales que algunos medios se imponen hacer llegar al lector, sobre la música escogida que transita en algunas radios, sobre los comentarios enaltecedores que invitan a leer, a elaborar juicios críticos, a lanzarnos en la aventura, que debiera ser obligada para el hombre, cual es la de enaltecer su condición y dignidad humana.

Muchos diarios y revistas lo propician y actúan en esa dirección. Ésa es la prensa digna.

También lo hacen algunos programas radiales y televisivos.



PERO DEMASIADOS NO ACTÚAN CON SENTIDO ÉTICO, QUE ES DECIR, LIBREMENTE

Los medios que actúan obedeciendo a una auténtica vocación de servicio informativo- formativo son los menos.

Y quizás esto es así porque la mayoría trabaja para las mayorías, tal vez menospreciándolas y, lo que es más grave, formando una opinión equivocada.

Y ésa es una forma de prensa dependiente, prensa esclava.

Si ponemos la mirada en la televisión- que harto puesta la tenemos- y analizamos los más de los programas que transmite la pantalla argentina, trátese de telenovelas, noticiosos y programas de distracción, la tendencia se va por el canal del empobrecimiento.

Poco pensar, demasiado divertir.

Excesiva burla de lo humano. Excesivo regodeo en las miserias. En fin, empobrecimiento espiritual y mental.

Empobrecimiento del lenguaje: pocas palabras son necesarias para denotar la escasez de lo observable.

Empobrecimiento de la reflexión: trabajar sobre lo anecdótico no da para otra cosa que no sea repetir secuencias de un argumento que, por lo general a nada conduce.

Empobrecimiento de la imaginación: todo está dicho o mostrado. Para qué refutar, opinar, propiciar la discusión.

El nivel de la comunicación se denota en el tono, en la apelación a lo emocional, en la atadura a escenas lamentables, fuertes, tocantes, lo que rebaja la condición humana.

Y en cuanto a este aspecto, el de mostrar con crudeza las crudezas lo que debemos aprender a leer es la intención.

Porque más allá de la función de informar está la otra, la de acaparar una clientela que se someta, dócilmente, a la opinión ya elaborada.

Y para ello se utiliza cualquier recurso, “ganchos” que les dicen.

Pues en esos ganchos, en esa intención, y en esos recursos late una manera de esclavitud para la propia prensa que aspira a una auténtica libertad.
LO QUE DICE LA PRENSA SOBRE EL TEMA

En una editorial de nuestro matutino mayor, La voz del interior, se habla de la enorme lucha por la libertad, que difícilmente cese algún día, y se declara que “el poder político y el poder económico recelan, por definición, de los medios que no pueden ser ni manipulados ni acallados ni utilizados abierta o embozadamente para sus fines”

También se habla de “ autoenvenenamiento ideológico e informativo”.

Lo que al respecto alcanza a percibirse desde la posición lectora es que hay un poder- posiblemente sea el económico- que está manipulando el qué informar y , sobre todo, el cómo hacerlo.

Hay un interés evidente de captar el consumo de las mayorías.

Nos preguntamos si la manera es poner en el aire un amontonamiento de palabras groseras, y la desvalorización de la vida honesta, digna, limpia.

Lo que sabemos es que, de esa manera, nos quedamos sin maestros, sin modelos, sin un norte. Sin esa multiplicación de altas montañas que, al decir de Buscaglia, hacen de la vida una perpetua necesidad de seguir esforzándose por ascenderlas.

Nos preguntamos porqué no se resguardan y propician las conductas nobles, lo que realmente hace al hombre ser más hombre.

El escaso esfuerzo, la improvisación, el todo vale, son las notas prevalecientes en la TV que consumimos y que nos muestra al mundo.

La justificación que se da a esta preocupación es que el ranking obliga.

Deducimos que el ranking es, por lo tanto, una manera de prisión, un atentado a la verdadera libertad.

Porque si un noticiero demora las cámaras en una escena en que se apretujan las miserias se está convocando la morbosidad, y rociándole condimentos para hacerla más degustable.

Sobre esas virulencias parece trabajar el ojo de la información de muchos comunicadores.

Los nombres abundan, cada lector seguramente está pensando en este o aquel conductor, sobre todo televisivo, que gasta horas para no dejar nada, en algunos casos sólo el chimento vil, las confrontaciones de los acusados hasta apelar a los golpes - ¿ comprados?- peleas infantiles entre familiares, que desnudan vilezas.

Nos preguntamos porqué se da este fenómeno y si es tan real que la TV da a la gente lo que quiere la gente.

Tal vez no sea así, tal vez se está menospreciando el buen gusto popular.

Pero de ser cierto, de ser verdad que los medios de comunicación, la TV, sobre todo la TV, programa para satisfacer el gusto de los más sin tener en cuenta calidades, surge la sospecha de que tanta libertad supuesta no es libre. Todo lo contrario.

Surge la sospecha de que más allá de la ética interna que el ejercicio de una de las profesiones más comprometidas socialmente exige, están las presiones y prisiones que un público ávido de torbellinos que le sostengan sus días grises, está imponiendo.

Eso nos hace creer la programación televisiva, y hasta podemos afirmar que, aunque pudiera parecernos que nada hay más suelto de lengua y cuerpo que el decir y mostrar televisivo, ningún medio es más dependiente del gusto masivo.

Si es que realmente existe un mal gusto masivo, o si se lo está generando.

EL ALCANCE DE CADA MEDIO

Cada medio con sus medios para llegar, o, mejor decir, con sus recursos.

La tecnología ha procurado que la pantalla y su atracción tengan un alcance indudablemente mayor.

Sabemos que no hay hogar más o menos humilde al que la magia televisiva no ingrese llevando sus multiplicados flashes.

Sabemos de la fascinación que ejerce, sobre todo en los espíritus que no han terminado de madurar.

Una fuerte influencia que debiera demandar proporcionada responsabilidad.

Pero en la televisión como en la radio, las palabras se van con el instante y el todo vale ha encontrado allí su reinado.

Con los periódicos, diarios y aún revistas, la permanencia de la palabra escrita obliga a poner más cuidado y atender a un público que se dispone a la tarea de leer.

Sin embargo en este tipo de comunicación, desde el uso de la tipografía, a los titulares, los espacios, la ilustración, las fotografías, dan testimonio de una dirección intencional de la información, de la prevalencia de un tipo de información sobre otro.

Y el receptor avisado que lo advierte puede seleccionar con libertad.

Por eso es tan importante la iniciativa que, desde hace años, ha incorporado la lectura del diario en la escuela.

Porque es allí, en el aula, donde se deben formar lectores más exigentes y criteriosos con el aporte de la lectura de los diarios y revistas de calidad.

Lectores que, poco a poco, irán generando esas mayorías que necesitamos, las que ponderen y potencien una prensa de óptima calidad, libre de verdad, independiente de intereses, en la que cada comunicador asiente las huellas inconfundibles de un estilo personal, sin imposiciones ni presiones.

Una prensa que llegue a un caudal cada vez mayor de mejor formados receptores.


Gladys Seppi Fernández

" La educación sexual debería... "

LA EDUCACIÓN SEXUAL DEBERÍA DESPERTAR ADMIRACIÓN Y RESPETO

Los nuevos tiempos, los cambios sociales y sobre todo la filosofía hedonista y consumista vigente van virando la dirección de la mirada humana, de manera que cosas, notas, paisajes y situaciones, tal vez las mismas, tal vez las infinitamente repetidas son vistas como por primera vez. Eso hace a los cambios, muchos de ellos buenos, para el crecimiento, para asomarnos a lugares desde donde se ve más y mejor, aunque haya errores en esta mirada que cambia de perspectiva.

Con el tema de la sexualidad pasa así. Años, siglos, una eternidad ignorando su existencia, acallándola y de pronto la necesidad de enfrentar su realidad y su nombre porque el sexo se ha puesto a andar, sin hacer caso a las antiguas prohibiciones, sin el pudor de antaño. Con sus consecuencias felices o devastadoras, que tiene en sí tanto de vida (Eros) como de muerte (Tanatos).

En estos tiempos surge la necesidad de poner al sexo en un cauce y aparece la responsabilidad de los mayores, de los padres, de los docentes por no haber sabido enfrentar la realidad de su fuerte existencia.

No podemos callar porque el tema ya era explícito aunque no lo quisiéramos ver y aunque les dijéramos a nuestros hijos sin muchas explicaciones que tal o cual programa de TV no debe verse, tal cuento no debe escucharse o tal zona del cuerpo no debe tocarse. Los adultos estamos obligados a observar de una nueva manera ese objeto al que rehuíamos. Si no lo hacemos con conocimiento y preparación, cometeremos errores imperdonables como los que han merecido tanta atención de la prensa en estos días.

Admiración y asombro

La intención de esta nota es proponer que la nueva mirada que exige la humana sexualidad pase, sin extraviarse, por el tamiz de la admiración y el asombro. Esas palabras debieran ser puestas en la intención primera y fundamental de quien realice el acto de educar sexualmente.

Quienes han redactado la ley 26.150 que obliga a dictar la materia en la escuela no han puesto especial acento en ellas, pero sería bueno y provechoso que los docentes, los padres y los que estamos interesados en el tema, lo hiciéramos.

Lo que parece no tenerse en cuenta es que la sexualidad es la vida misma y que el diario existir nos ofrece a cada instante motivos para tratar en forma natural un tema que ha sido calificado como complejo y difícil.

¿Complejo? Sí. Lo es. Como el nacer, como el vivir, el crecer, el morir. Por eso pueden aparecer para su tratamiento las mil y una aristas de una realidad que tiene como protagonistas a hombres y mujeres, jóvenes, adolescentes y también adultos mayores, todos acuciados por urgencias corporales, emocionales, sentimentales a las que no sabe dar respuestas.

¿Difícil? Claro que lo es, como difícil, impenetrable, es el misterio por el que se nos da la vida, la increíble conjunción de células microscópicas que se unen para formar un cigoto que es el germen que contiene nada más y nada menos que un ser humano nuevo, diferente, único.

Día a día, segundo a segundo, vienen nuevos seres al mundo y en el seno de miles de hogares se produce una fuerte conmoción por esa prometedora llegada. Sin embargo, ¡qué poco o nada se habla sobre cómo ha eclosionado esa nueva vida! Como si el hecho original, el acto amoroso que unió el cuerpo de un hombre y una mujer en nombre del amor que les latía, en nombre del encuentro en que estaban comprometidos, no mereciera ser tratado, hablado, reflexionado de una manera ejemplificante y formadora.

Enaltecer lo sexual

Enaltecer el tratamiento de lo sexual es tarea de los mayores, develar los tabúes, los traumas que alguna vez nos protegieron pero que ahora son motivo de mofa para los jóvenes, es nuestra adulta obligación.

Si hace falta agudizar la observación: ¿acaso no basta salir a la calle para encontrarnos con besos de parejas en cada esquina? ¡Cuánto pudiera hablarse de las hormonas que desatan sus bríos juveniles, que despiertan sensaciones, que ensayan un cauce por donde ha de sembrarse una nueva vida!

La educación sexual debe hacer que esa vida nueva sea buena, que encuentre un buen nido, padres dispuestos a dar ternura y no violencia, capaces de encauzar y no de confundir.

Eso es educación sexual: una inacabable red de contenidos, de temas y subtemas cuya aparición no hay que forzar con preguntas mal direccionadas sino con una inteligente observación.

¿Acaso en la escuela no hay una docente ausente porque espera un bebé? ¿Acaso no hay preguntas que muchas veces se callan? ¿Tiene padre ese niño por nacer? ¿Le dará su madre una leche feliz o el niño beberá las hieles de una mujer abandonada, engañada, equivocada por su propia ignorancia?

La educación sexual nos ofrece la manera de encauzar observaciones y preguntas volviendo la mirada hacia lo que está “a tiro” de las vivencias de cada instante. Observar y hablar sobre el tema, reflexionar, generar juicios son maneras directas de ejercer una materia que no debe perder de vista su objetivo esencial: hacer más feliz nuestra existencia, propiciar el encuentro de los adolescentes y jóvenes con su yo mismo, con su auténtica identidad, mostrar un mundo posible de más calidad humana, con uniones logradas por el conocimiento, el proyecto y la responsabilidad. Sobre todo el amor, no el enamoramiento fugaz de la pubertad, sino el que va madurando con la edad cuando el aparato psíquico se constituye y nos da el sí para hacer cosas de adultos con respuestas y responsabilidad de adultos.


EL EMBARAZO NO DESEADO

(Aportes científicos para tener en cuenta)

 A cualquier mujer le puede suceder, esté en la situación y edad en que esté: la noticia de un embarazo puede encontrarla en la mejor o peor disposición para recibir al hijo concebido.

Le sucede a una cantidad innumerable de mujeres que estando casadas y por distintas circunstancias: cansancio, embarazos muy seguidos, mala relación con el esposo, etc. no quieren tener al hijo que acaban de engendrar.

Y si esa reacción es bastante común en las casadas, podemos imaginar el efecto que produce la noticia de un embarazo no buscado ni planificado, en una soltera y, peor aún, en una adolescente.

El embarazo no deseado es cosa de todos los días y su número crece porque, entre la adolescencia y juventud, las relaciones sexuales se han vuelto prematuras y muy frecuentes.

Estimulados por la erotización reinante, por películas cuya intención directa es excitar y por programas televisivos como el de Tinelli, donde todos los frenos inhibitorias existentes han sido cortados por la misma tijerita con la que corta las polleras de sus bailarinas, muchos adolescentes actuales se entregan sin frenos al frenesí del acto sexual.

Y en su vértigo no miden las consecuencias, por cierto. De esa manera los embarazos causados por relaciones ocasionales aumentan. Con ellos las angustias personales y familiares, los cambios en las estructuras de la familia mayor que acoge- o no- a un nuevo ser cuando la hija aún no ha terminado de formarse y en casos muy graves también, se da la formación de familias en que padres adolescentes han de abocarse a una crianza de la que no saben nada.

¿Y cómo habrían de saber si apenas se asoman a la búsqueda de su incipiente identidad y no reciben adecuada información y formación sobre sexualidad?

Por otro lado, una de las soluciones que se da a esta problemática tan frecuente y extendida, es recurrir al aborto.

Algo sabemos sobre las graves penalidades externas que pesan sobre el aborto porque está prohibido y la mujer y el médico pueden pagar con varios años de cárcel haberlo practicado.

Pero a esas penalidades se suman las difícilmente curables cicatrices físicas y espirituales cuyos estigmas quedan impresos de por vida en la mente, el corazón, la salud de la mujer.

De ellas dan cuenta las innumerables, aunque silenciosas experiencias de jovencitas que pierden con el hijo al que se impidió nacer, su propia alegría de vivir, mucho de su sensibilidad femenina y su capacidad de goce futuro.

Pero de lo que poco y nada, (y es intención de esta nota), se habla, es de los graves males que se transmiten al hijo cuando la sentencia de su ejecución ha sido perdonada, es decir cuando el embarazo continúa aún sabiendo que se trata de un “embarazo no deseado”.

Stalisnav Grof, médico, psicólogo y psiquiatra checo, ha sumado hace unas pocas décadas a los importantes descubrimientos de Freud los suyos, los cuales, avanzando en los niveles más profundos de la psicología, le han permitido llegar a las impresiones del nacimiento para después ir más allá aún: a las que recibe el feto en la vida intrauterina.

De sus estudios y descubrimientos, realizados sobre sí mismo y en numerosos pacientes, y compartidos con Gregory Bateson, Joseph Cambell y Abraham Maslow, entre otros científicos ilustres, se infiere que por la natural simbiosis que existe entre la madre y el niño durante la etapa del embarazo, todo lo que la madre siente, experimenta, no sólo a nivel físico sino emocional, repercute y marca la propia vida futura del ser que lleva en el vientre.

Así, las condiciones edénicas en que se desarrolla un feto cuando la madre está en paz consigo misma y con su cónyuge, es decir con su vida, cuando la llegada del hijo es esperada y disfrutada, son, por el contrario, un verdadero infierno para el ser en gestación, cuando la madre está angustiada, cuando ha sido engañada, abandonada, cuando no lleva una vida ordenada ni ha madurado como mujer.

De esa manera, la mujer que siente rechazo por su futuro bebé se lo transmite y también lo altera y maltrata cuando fuma, ingiere bebidas, trasnocha, y tiene una vida sexual desordenada.

Stalisnav Grof ha demostrado que así como existe un “pecho bueno”, que da una leche que estimula una actitud positiva hacia la vida y uno “malo”, que produce el efecto opuesto, también existe un “útero bueno”, que cobija, alimenta y nutre la futura vida, en contraposición a un “útero malo”, que tiene una amplia gama de influencias nocivas en las primeras etapas de la vida embrionaria y que se proyecta a la vida futura del individuo.

Por otra parte desde tiempos muy recientes se estudia la psicología del hijo no deseado, de las marcas que deja en su psiquis el rechazo inicial, la falta de afecto, la negación al acercamiento que da el acto de mamar, acariciarlo, darle comodidad, alimentarlo con preocupación y amor, asistirlo, educarlo.

Las nuevas ciencias han rastreado el origen de malformaciones psicológicas como son en ciertos adultos el malhumor permanente, la agresividad, el retraimiento, el no poder dar ni recibir amor, y muchos rasgos más que han ido llevando a la conclusión de que mucho ha tenido que ver en esas crianzas el hecho de haber tenido una madre desaprensiva, poco cariñosa, una madre que no quiso tener al hijo.

Un interesante aporte de conocimientos para tener en cuenta, ahora, que se va a reglamentar la ley del aborto, y para prevenir y alertar a los adolescentes sobre las consecuencias de una sexualidad vivida con desconocimiento e irresponsabilidad, lo que condena a un ser a morir en el aborto o a vivir con el estigma del que fue un feto aborrecido.

Gladys Seppi Fernández

" Educar es Frustrar "

EL PRINCIPIO DE LA AUTORIDAD

“Educar es frustrar”- Aldo Naouri

Muchos adultos abandonan los brazos de sus ideales cuando presienten que pueden contrariar a los menores y crear conflictos; de esa manera optan por lo más fácil.

A muchos padres y docentes que se involucran activa, responsable e incluso apasionadamente en la educación de sus hijos y alumnos, niños y adolescentes, a quienes apuntalan su transformación en personas desarrolladas y de bien, les debe acometer una aguda desazón cuando comprueban que lejos de despertar su agradecimiento, generan un hostil distanciamiento y que se los califique de anticuados, perimidos o el temible “viejo”.

Sin embargo, las ideas sostenidas por importantes pensadores de hoy, iluminan sobre el daño que está produciendo en la formación de sucesivas generaciones decir lo que los chicos quieren escuchar y no lo que se siente verdadero.

Mario Vargas Llosa, por ejemplo, en un magnífico artículo publicado por El país, analiza las consecuencias del slogan “prohibido prohibir” que nació en el Mayo francés (1968). Partiendo del concepto de autoridad de la RAE, recuerda que “la autoridad es el prestigio o crédito que se reconoce a una persona o institución por su calidad, legitimidad y competencia en alguna materia”, autoridad encarnada en el seno familiar por los padres, en la escuela por los docentes y en la sociedad por quienes la administran y dirigen, y que actualmente se ve despojada de credibilidad.

¿En qué circunstancia se produjo ese perjudicial despojamiento?

Tal vez mucho han tenido que ver las inspiradas ideas del influyente pensador Michel de Foucault que estableció:

“La sexualidad, la psiquiatría, la religión y el lenguaje al igual que la enseñanza representan las estructuras del poder erigido para reprimir, domesticar el cuerpo social instalando sutiles formas de sometimiento a fin de perpetuar los privilegios y el control de poder de los grupos sociales dominantes”. Tal vez en esas palabras se encuentre la raíz del desplome y desprestigio de cualquier forma de autoridad.

Esta idea, aunada a los principios rectores del mayo francés, transforma a la autoridad en sospechosa, perniciosa y deleznable por lo que el ideal libertario es desconocerla, negarla y destruirla.

Nada bueno ha surgido a partir de estas propuestas. El “prohibido prohibir”- dice Vargas Llosa- “ha extendido su partida de defunción a todo principio de autoridad y los mismos maestros y padres se han creído esta satanización de sí mismos y los docentes empezaron a creer que es aberrante aplazar a los malos alumnos, hacerlos repetir curso, establecer un orden jerárquico en el rendimiento académico para evitar la nefasta noción de jerarquías, el egoísmo, la negación de igualdad y el racismo”.

Este despojo de la autoridad de padres y docentes ha traído como consecuencia nefasta la inexistencia de figuras que ejerzan su magisterio y ha devenido en el empobrecimiento de la vida familiar, escolar y social.

En un clima de permisividad adosado con un elevado grado de demagogia lo que se está logrando es una sociedad de niños y jóvenes tiranos, caprichosos, mal educados, realmente egoístas, que creen saberlo todo y se niegan al aprendizaje porque para ellos no hay modelos a seguir ni vidas que les sirvan de ejemplo.

Y es así porque “la permisividad sólo crea tiranos” apunta Aldo Naouri.

Para este pensador francés los conflictos familiares y escolares (también sociales) tienen una misma raíz: padres y docentes (y cualquier tipo de pretendida autoridad) temen dejar de ser amados por sus hijos o alumnos ( o pueblo) si no lo seducen por la vía del halago, la permisividad, el consentimiento. En una palabra, demagógicamente.

Esto ha devenido en lo que Naouri llama “niños tiranos”, que hacen muy difícil la convivencia familiar, escolar y social.

Los hijos, los alumnos, tienen que sufrir frustraciones, aprender a respetar los no porque, si lo que se tiene como propósito es su desarrollo humano, no se los puede ni debe dejar al libre albedrío de sus impulsos y caprichos.

Para Hannah Arent el niño necesita una guía firme y referencias asertivas, esta es la única manera de garantizar la continuidad de una civilización constituida, la incorporación de los que llegan a ella, y la formación de su carácter en el esfuerzo, la superación de obstáculos y crisis y degustación consciente de sus logros.

El atributo humano, lo que nos distingue, es la conciencia, de uno mismo, del propio proceso de desarrollo, que es tanto más y mejor cuando la familia y la escuela muestran, como mayores autorizados, el abanico amplísimo de la diversidad, la complementariedad de lo diferente, la asociación entre las partes aparentemente fragmentadas.

Si los padres desatienden sus funciones, los maestros recibirán chicos desmadrados que los despeñarán por la pendiente del desaliento y la depresión y el producto será alumnos cada vez más envalentonados y mal educados para la vida.

Malo será si los chicos crecen sin ideales existenciales, si se sienten dueños del poder porque no se le muestran parámetros ni límites y se los deja creer sin un afecto auténtico y nutricio.

Otro educador, Moreno Castillo, dice a propósito: “aunque los chicos estudien en los colegios más caros, esquíen en las mejores pistas, tengan los mejores celulares y computadoras de última generación, los resultados serán muy malos si se cree que educar es adular porque es todo lo contrario, muchas veces es frustrar, aunque eso genere conflictos, rabietas o incomodidades.

Gladys Seppi Fernández

LA DIMENSIÓN ÉTICA DE LA VIDA

( De Gladys Seppi Fernández)

Cuando periodistas, padres o alguien del público interesado les preguntó a los alumnos protagonistas de las tomas de colegios sobre los porqué lo hacían se escucharon respuestas bien opuestas: Unas revelaban actitudes responsables fundadas en el saber por qué y para qué. Los chicos habían leído y objetaban sinceramente la Ley de educación, tienen qué aportar a ella y demostraron amor y cuidado por su colegio, una real preocupación que se demostró en la organización de la toma y en los trabajos de mejoras realizados dentro de sus posibilidades.

Otros, en cambio, no sabían qué estaban haciendo porque se plegaban al movimiento ciegamente, disfrutando de la interrupción de las clases, de unos días de vacaciones y de una aventura cuyo fin no pueden prever.

Hemos asistido así y una vez más a episodios que revelan la repetición de paradigmas de la sociedad adulta donde una minoría piensa, proyecta un destino de la acción y se juega, ejerciendo su libertad responsable, por lo que genuinamente considera bueno, en tanto las grandes masas son conducidas ciegamente porque les resulta más cómodo dejarse llevar.

Estas actitudes sociales opuestas, constructivas y genuinas unas, irreflexivas, peligrosas y conducidas, las más, están ligadas a una dimensión de lo humano sobre la que poco- por no decir nada- se acostumbra reflexionar: la dimensión ética del actuar.

Discutir con los alumnos temas como éste, situaciones en las que han sido protagonistas, sin o apelando a su sentir ético, para que reflexionen sobre su significado debiera constituirse en una práctica familiar y escolar y es parte fundamental del proceso educativo.

Tal vez lo primero que se nos presenta en el orden de la reflexión es destacar el significado de una palabra olvidada y confundida: ética. ¿Qué es actuar con ética? ¿Es lo mismo ética que moral? ¿Qué relación tiene la ética con los tan mentados valores?

Trabajar con nosotros mismos y con los más jóvenes con el concepto de la palabra “ethos”, en la raíz de cuyo significado se encuentra la noción de “morada”, “suelo firme” lugar donde se habita y de donde brotan los actos humanos, nos incorpora a significados reveladores.

Tal vez el principal es que el hombre que logra ese pisar firme en su propio territorio forma su carácter en la prestación de actos buenos, que al ser repetidos, se transforman en hábitos que construyen una vida mejor para él y para los demás.

Solemos confundir “ética” con “moral” y existe una profunda diferencia que separa ambos términos:

La moral obedece a leyes impuestas desde el exterior, a normas de conducta dictadas por una sociedad para mantener bajo su cultura a los individuos. Es decir son normas que nos llegan desde fuera de nosotros mismos.

Así resulta ser que las normas morales se transmiten de generación en generación en forma de convencionalismos que aprendemos a obedecer. Por lo tanto, la moral es prescriptiva, legal, obligatoria, impositiva y también punitiva.

El objetivo de la ética es totalmente contrario: se trata de descubrir a través de la reflexión del sujeto, es decir en su interioridad, lo que es valioso, verdadero, lo que está bien porque es bueno.

Perteneciendo, como pertenecemos, a una sociedad tan influida y conducida por prescripciones, mensajes externos a nosotros mismos, es muy difícil dar con la dimensión interna de un obrar auténticamente ético.

Sin embargo, los nuevos tiempos, abrumadores y confusos, inciertos y peligrosos, inestables como el oleaje de un mar revuelto que ha destruido sus antiguos muros de contención, nos ponen en la necesidad de prestar atención a esa otra dimensión del obrar: la interna, la que el sujeto elabora y establece para su propia conducta por reflexión y elección propia y siempre basada en la reflexión y el conocimiento.

Parece llegada la hora, en todos los órdenes y en cada respuesta que el hombre da a los desafíos de la vida, de empezar a trabajar un grado más elevado de la verdadera inteligencia que haga actuar a cada uno con absoluta conciencia, libertad interior y tal convicción de que su acto es bueno como para pasar por alto la amenaza del castigo, la represión, el qué dirán los demás, y llegar a poseer esa nueva dimensión donde impera la ética y se goza simplemente por la convicción de obrar bien.

Por cierto que para lograr esta actitud fundada en fondeos profundos hay que empezar a trabajar con el discernimiento personal, con el uso de la libertad responsable, con el ejercicio de las facultades propias que por ahora parecen estar dormidas, siempre esperando que sea otra voz, otra orden, la venida de afuera, la que llegue para regentear el rumbo.

Para llegar a esa actitud ética el ser humano debe tomar posesión de una autoestima de la que hoy carece, arribar a la convicción profunda de que ocupa un lugar único e irreemplazable en el mundo y que así como él necesita a los demás el mundo necesita que él ocupe el espacio que le ha asignado su nacimiento, su ser persona.

Los adultos de hoy debemos reflexionar sobre estos temas a fin de poner proa hacia una nueva dimensión en que reine la ética para que los jóvenes, los que nos siguen, avizoren como único rumbo que conduce a una vida satisfactoria.

Estamos seguros de que quienes actúan bajo el imperio de la obediencia ciega a los mandatos de afuera de sí se sumergen en sentimientos de insatisfacción, angustia, enojo consigo mismos. Y esto sucede porque más tarde o más temprano aparece una voz interna en lo más genuino de uno mismo, que dice:”Por ese camino no”, “te estás equivocando, eso no es lo que querés realmente”.

Son los indicadores internos de la propia conciencia que están para avisar, guiar, orientar y lo hacen, cuando aprendemos a escucharlos, de la mejor manera y con la mejor intención ya que son nuestros, propios, no prestados, no impuestos y la mayoría de las veces actúan con total lucidez porque la inteligencia emocional del individuo, cuando es educada, puede proveer de una luz especial y porque nadie mejor que uno mismo sabe lo que le conviene a su propia vida.

Tal vez el ejercicio propuesto, el de empezar a visitar la dimensión de la ética, parezca difícil. Sin embargo es muy necesario y puede empezar por proponer cuestionamientos sencillos a los hijos o alumnos, como por ejemplo: ¿Actúas por propia convicción? ¿Has reflexionado en las consecuencias de tus actos?

Preguntas que llevan a un fin elevado ya que el actuar éticamente tiende a la perfección del hombre y a mayor perfección, mayor frecuentación de lo bueno y repetición de actos dignos, se da, necesariamente, una mayor sensación y sentido de plenitud, de satisfacción vital. De la buena vida que todos nos merecemos.


Gladys Seppi Fernández - Autora entre otros libros de “Educar la humana sexualidad”