" La Tinelización de la Mujer "

ESA MUJER, ESA COSA
LA TINELLIZACIÓN DE LA MUJER


Uno de estos días volverá a reinar, porque es el rey del rating.

Lo tenemos como un gran caradura y no solamente lo es. Lo sabe. Sabe que es gracias a esa condición como ha ganado la posición que ocupa, la atención de millones de argentinos y hasta la curiosidad de medios extranjeros- El País de España, Le Monde, de París y, hasta donde llegamos a saber, de CNN, que lo ha entrevistado para preguntarle cómo se atreve al colmo.

Audacia, atrevimiento, desconsideración, falta total de límites caracterizan la actuación de este conductor y su equipo que han hecho de la TV argentina un curioso fenómeno de la bufonada y de la cosificación y que, dentro de poco, volverá a ocupar su lugar en las pantallas.

Y todo pareciera estar bien cuando millones de argentinos, incluidas sus familias lo están esperando aún sabiendo que se irán a la cama varios días de la semana pasada la medianoche sólo para no perderse ninguno de los escándalos que ofrece. Todo pareciera admisible cuando lo que reina en este hoy hedonístico es la cultura del entretenimiento, del distraerse, sin pensar demasiado en el papel que jugamos, en los efectos que los pasivos televidentes sufrimos- a posteriori o ipso facto- en esta era del pasarlo bien, solamente de la distracción.

¿Es que estamos tan desesperados, abstraídos, descreídos y faltos de fe en el ser humano y en nuestras propias posibilidades como para transformarnos y dejar transformar a nuestros hijos y nietos en sujetos inconscientes de un mensaje que nada construye sino que es, más bien, altamente destructivo?

¿De tal manera hemos bajado los brazos los argentinos como para transformar en motivo principal de nuestras conversaciones lo que se vio, el último escandalete de Show Mach? “¿Cómo? ¿Te lo perdiste? ¡Qué pena! No sabés…”

Pues si cada noche del año pasado nos sorprendió,- ¿quién puede negar el esplendor de una puesta en escena que no mezquina recursos tan crecientes?- si cada noche de años anteriores ofreció más y más sorpresas, bien podemos admitir que muchos lo esperan con ansiedad y curiosidad porque siempre se supera, supera lo esperable en tanto el Señor Rating levanta su mercurio porque habrá, seguramente, cada noche, más fiebre, más acaloramiento.

Recordamos una de aquéllas, colmosa. Y no era para menos. El aplaudido conductor había buscado como partenaire a una de las mujeres más notables del espectáculo: la Suller, que si de escandalizar se trata ya ha abordado y abusado de las formas más desmesuradas y grotescas para lograrlo.

Mujer- cosa, la escandalosa mujer se trata a sí misma como al más engolosinado de los panqueques, un plato para devorar, y si como mujer no puedo sentir lo que suscita en la sensibilidad masculina, sí puedo imaginar lo que le genera: el despertar de los instintos primarios, solamente de eso que mantiene al hombre subsumido en el nivel más bajo de la pirámide de crecimiento (Maslow mediante). Y el conductor, que lo sabe, mide en rating su posibilidad de llegar hasta las últimas consecuencias. Y se juega al más.

Con cara de inocente, lo admite, lo conciente y estimula. (¿Cómo?, ¿se lo perdieron? Fue una de las últimas noches del año pasado).

En cuanto a los aciertos, no vamos a negar que lo de la “casa de los famosos” tuvo su atractivo. Y sus méritos.

Y hasta podemos concederle valor artístico a ciertas imitaciones muy logradas que, además de expresar preocupación, esmerado trabajo y arte en la composición, reflejaron una realidad que tal vez haya posibilitado que muchos políticos/as se vean desde la otra orilla, de la manera como los ve la gente, lo que pudiera provocar- ¡ojalá así sea!- que hasta contribuya a la corrección de ciertos tic o gestos que a muchos de ellos los desnudan mostrándolos débiles, ridículos, codiciosos, autoritarios, necios/as y cuántos otros adjetivos de oscura coloración les caben en general o particularmente.

El programa aludido tiene sus atractivos y por eso carga con la mayor atención pública.

Pero hasta aquí, en todos sus días- o noches- ha estado presente, omnipresente, la intención de utilizar a la mujer-cosa, la mujer descartable, la que desata deseos que ponen de punta los nervios masculinos y deforman la verdadera imagen que da auténtico valor a la mujer genérica, la que sostiene la vida, la que guía, orienta y se da totalmente a la tarea familiar de acompañar y sostener con su amor a su marido, a sus hijos.

Pensamos, entonces, que urge hablar del tema, que de eso se trata la palabra educación, de poner en palabras lo que anda intentando elaborar el interior de más de uno, lo que reprueba una importante , aunque no sea mayoritaria, parte de la población .

Hablar en familia, en la escuela, en los diversos cultos para que las rebeliones que andan bullendo aquí y allá se hagan una voz cantante que llegue aunque más no sea al limitado ámbito en el que nos desenvolvemos.

El tema de la tinellización de la cultura- como se ha dado en llamar- clama ser tratado, seriamente, no como el mero comentario de cada anécdota, de lo que nos trajo la noche manteniendo alerta tanto suspiro, sino desde la óptica del juicio crítico y la necesaria pregunta: ¿qué es lo que este programa tan popular, tan visto está produciendo? ¿De qué manera está generando una nueva cultura y qué representa eso “nuevo”? ¿Un hombre más despierto, más dispuesto y capaz de hacer, de resolver su problemática diaria y existencial o un pasivo receptor que se deja comer por “los ratones”?

¿Y en los más chicos? ¿No advertimos acaso que programas como éste alientan el de por sí natural desenfado adolescente, su atrevimiento y engreimiento juvenil y hasta el atropello, porque por sobre todo lo perjudicial el mencionado conductor y su no menos audaz séquito está haciendo creer que lo que vale es la apariencia exterior (¡vaya si son buenos cuerpos las mujeres que se presentan!) y, además que vale todo, que cuanto más audaz, atrevido y atropellador se sea es más seguro el éxito social?

Es evidente que estas nuevas generaciones son un producto de esta TV desenfadada que tenemos.

Que lo digan los docentes que no están pudiendo con los alumnos y demasiados padres que conceden cada vez más, porque, como dice el psicopediatra Aldo Naouri,” demasiados padres que no saben ponerse límites a sí mismos reproducen esa imposibilidad en la educación de sus hijos”. Una impotencia que se manifiesta entre tantas actitudes en no poder apagar la TV, cuando sienten, saben, que su familia está recibiendo un mensaje corrosivo y desmoralizante.

¿De qué manera, entonces y cómo y en qué momento podemos aplicar los adultos una pedagogía del esfuerzo, del vale la pena, de la alegría interior si todo le viene a los chicos desde un afuera perturbador que lo mercantiliza?

Creemos que urge hablar del tema, advertir y advertirse porque se trata de analizar los efectos colaterales deseados, pensados, conscientes y muy usufructuados de parte de un equipo audaz , en tanto del otro, del lado del telespectador tenemos que hablar de efectos inconscientes, impensados y muy destructivos. Sobre todo si la teleaudiencia está poblada por adolescentes, o gente que, aunque carga años, está todavía en vías de una deseable maduración.

Insistimos entonces: ¿qué entienden los chicos que quedan presos de la pantalla con padres más alelados aún? ¿Cuál es el mensaje que reciben y ponen en práctica en su realidad o aplican inmediatamente en su vida de relación? ¿Qué imagen reciben de la mujer? ¿Qué es lo que vale, lo único que parece valer?

Las respuestas son obvias pero vale la pena insistir en ellas.

Que golpee en la conciencia la reflexión, aunque sea fugaz, de que lo que este programa logra - junto a tantos otros menores, por cierto- es socavar el respeto que toda mujer merece, la relación entre el hombre y la mujer que merece y urge mejorar.

Lo que los chicos reciben atenta contra un significado: ser mujer y con ello al cómo y en qué consiste, qué significa el vínculo del hombre y la mujer.

De manera que, si por una parte padres, docentes, iglesias, intentan, apagadamente, llevar el modo de relacionarse de los géneros a un nivel de profundidad, conocimiento y respeto mutuo, de lo que se trata aquí es de contravenir todos esos propósitos.

Y la TV gana. Ya conocemos el poder de la pantalla. No sólo llega a millones. Los acalla, los anula.

Hará falta un ejército de voces para apagar tanto ruido, tanta incursión seductora porque cuando el mensaje es la superficialidad oponiéndose a la búsqueda de sentidos profundos, cuando la propuesta es el adormilamiento y la pasividad en pugna con la acción y el esfuerzo, ya sabemos hacia qué lado irán las mayorías.

Hacen falta muchas voluntades para contrariar una corriente que nos lleva puestos. Vale la pena que los adultos nos unamos, que juntemos fuerzas y esfuerzos para revalorizar lo que tiene valor, aunque más no sea hablando del tema y creando conciencia.

De no ser así la desvalorización nos va hacer retroceder al punto cero, lo que significa depresión, frustración. ¿Es que no vamos a reaccionar ante la falta absoluta de sentido?

Gladys Seppi Fernández

Conferencia El aborto, EL hijo no deseado y la educación sexual

CONGRESO:

 LA SALUD Y LA JUSTICIA SOCIAL EN CÓRDOBA

(1 diciembre del 2011)

     Dentro del amplio y ambicioso eje temático de este Congreso, se me ha propuesto desarrollar el tema: “El aborto, los hijos no deseados y la educación sexual”  apuntando a reforzar dos palabras claves: salud y justicia.
     Se pretende lograr una balanza más equilibrada del bienestar y  con ello una vida plena y feliz para la mayor parte de ciudadanos. ¡Qué ambicioso suena! ¿No es ésta, acaso, una cuestión invocada y prometida por sucesivos gobiernos y angustiosa mente reclamada por el pueblo?  Ojalá haya reales avances en el afán superador de este congreso.

QUÉ ES EL ABORTO

Internet nos dice:
El aborto inducido es la interrupción activa del desarrollo vital del embrión o feto hasta las 22 semanas del embarazo. Puede tratarse de un aborto terapéutico (o aborto indirecto) cuando se realiza desde razones médicas, o de un aborto electivo (interrupción voluntaria del embarazo), cuando se realiza por decisión de la mujer embarazada.3
A su vez, según la técnica empleada para inducir el aborto, se puede hablar de aborto médico o aborto con medicamentos4 y de aborto quirúrgico.5 6
El aborto espontáneo o aborto natural es aquel que no es provocado intencionalmente. La causa más frecuente es la muerte fetal por anomalías congénitas del feto, frecuentemente genéticas. En otros casos se debe a anormalidades del tracto reproductivo, o a enfermedades sistémicas de la madre o enfermedades infecciosas. Cuando la edad gestacional es superior a 22 semanas o el peso del feto supera los 500 gramos, se habla de muerte fetal.7
        En cuanto a la ley que legalizaría el aborto, considero que debe entrar en su consideración el hecho de que una mujer muere cada dos días en nuestro país por practicarse un aborto en malas condiciones,  que muchas de ellas  son mujeres jóvenes, madres, la mayoría pobres.

Además, es necesario tener en cuenta que:

En nuestro país el 14.9 % de bebés nacidos son hijos de madres adolescentes,  3 de 4 niños llegan a un hogar pobre, que las adolescentes con bajo nivel educativo triplican a las que tienen secundario y que Córdoba y Buenos Aires tiene menor tasas de fecundidad que el resto de las provincias.
  Además en la Argentina la mortalidad de adolescentes embarazadas  es superior a la de la mujer  de entre 20 a 24 años. Y este hecho tiene una explicación:
   Sucede que el pequeño tamaño pelviano, el no haber llegado a la plenitud del desarrollo físico- cuánto más alejadas están del psicológico- constituye un riesgo mayor.
      Además, las adolescentes pobres, que son las que tienen más hijos,  llegan al embarazo con problemas nutricionales, mal control, es decir un mal estado sanitario  por lo que se inicia así una cadena irreversible de consecuencias:
      La madre trata mal al hijo y éste le devuelve el mal trato con un comportamiento hostil que provoca una aún mayor irritación en la convivencia.

    Si se trata de una familia se instala el mal trato y la violencia en la vida diaria. 

     Los hijos heredan una mala disposición para afrontar con optimismo los problemas cotidianos, que, llegados a adultos, trasladan a su propia familia.

  Sucede por ignorancia, deserción y desorganización familiar, la influencia de una tv que se alimenta y alimenta a un público poco exigente, pasatista, sin intereses culturales, a lo que se suma un  concepto equivocado de libertad que lleva a la  promiscuidad sexual.
  
  Se habla de 500.000 abortos por año, el Ministerio de Salud habla de 80 a 100 mujeres que mueren por año debido al aborto clandestino.
  Ante este estado de cosas, los no abortistas defienden la vida por nacer, en tanto  los abortistas defienden la vida de la madre.
   Existe evidentemente una difícil colisión de derechos que el Parlamento deberá solucionar.

   Al respecto de tan difícil situación encontré una frase de Favaloro (o atribuida a él) que dice:
       
         “Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres, en tanto las ricas abortan en secreto. Se nos mueren nenas en las sillas y en los sanatorios hacen fortuna sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas. Con la ley del aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar”.

            Remarcamos las palabras: “Con la ley del aborto no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas”.

        Las palabras de nuestro mayor cardio cirujano iluminan una realidad:
        Favaloro no cree que por existir una ley que permita a la mujer abortar en condiciones más seguras se vaya a desatar una onda abortiva, cree más bien que es necesario asegurar a la mujer que, una vez que ha tomado tan grave y dolorosa decisión, podrá hacerlo protegida en hospitales y no en manos de curanderas.


          Por eso es necesario incorporar a un debate tan difícil la consideración de otras miradas como las de nuestro médico ilustre.
           Personalmente siento que toda mujer le teme al aborto porque bien conocidos son los dolores físicos y psíquicos que provoca.
          No sólo es una gran frustración, no sólo golpea con la fuerza de los mayores traumas, es también un golpe a la sensibilidad y al destino natural de la mujer, que es la maternidad.
         Se han filmado gracias a los adelantos técnicos, las reacciones del feto ante la amenaza de su muerte. Son films conmovedores que ponen escarmiento en cualquier mujer.      

          Estremece ver imágenes del feto ante la amenaza de la muerte.
          La difusión de estos videos puede actuar como buenos preventivos, Hay una vida allí, y experimenta el peligro. ¿Quién querría abortar sintiéndose la asesina de su propio hijo?

            Sin embargo tampoco se habla y se  desconocen imágenes del inmenso dolor que muerde todos los músculos, nervios, vísceras y ligamentos del cuerpo y también los del espíritu de la mujer que aborta, que queda separada de sí, fracturada internamente porque parte de sí misma se ha ido con el hijo que no pudo ser.  Hay que estar en la piel de la que lo sufre. No. Nadie quiere abortar.
         Ninguna mujer en su sano juicio y sabiendo de qué se trata se sometería voluntariamente a un aborto. Es demasiado alto el precio que debe pagar por un coito muchas veces humillante, al que la mayoría de las veces se sometió, sobre todo si es adolescente, estimulada por el clima hedonista actual,  por el engaño,  por la presión del compañero, por la imitación de sus amigas, por el contagio dela TV  y la complicidad de la noche en los boliches  que tanto excita. Pero más que nada y resumiendo las causas anteriores, por ignorancia.

    LA SOLUCIÓN ES HABLAR ANTES, MUCHO ANTES

        El tema de la sexualidad hablado a tiempo, conversado en familia o en la escuela, con especialistas, abre en la mente una ventana a la mejor prevención: la reflexión sobre las consecuencias de un momento de placer fugaz con un partenaire que suele desaparecer tan pronto como hubo  logrado su objetivo de satisfacer un impulso instintivo.

        Nada peor para la mujer y su salud psíquica que sentirse un objeto de placer y de descarte al que se agregará el tener que enfrentar, la mayoría de las veces  abandonada y en soledad, la decisión de continuar o no con un embarazo que la angustia, con un hijo que no desea y cuyo desarrollo sano no podrá atender.

          ¿Cuál es la solución de justicia que puede administrar el Estado- léase cada gobierno en un país tan desarticulado como el nuestro- a situaciones semejantes?
        
         Considero que el Estado lo que debe hacer es  educar, hablar, difundir, generar conciencia.  Pero no limitarse a dar preservativos en las escuelas o en las vísperas e las reuniones juveniles como lo está haciendo porque eso no es educar, más bien es decir:

     “Vayan, disfruten del sexo pero con preservativos. Por lo demás no hay cuidado”.

         Pero, además y fundamentalmente, las personas que se encuentran en situación de educar y difundir  deben actualizar sus conocimientos en aspectos hasta acá muy poco considerados, estudiados tenidos en cuenta como es:

         Las marcas del hijo indeseado.

         Sí, las marcas que se graban en la psiquis del hijo indeseado son de gravísimas consecuencias no sólo para el individuo sino  para  la  sociedad que es en la que recaen las acciones rebeldes, resentidas, de seres humanos  que no tienen ni tuvieron amor sino el rechazo desde que fueron concebidos.

        Los estudios de la psicología del hijo no deseado son muy nuevos.

          Recientes estudios revelan que el hijo no deseado sufriría, de por vida,  graves trastornos producidos por la inicial carencia afectiva, por el rechazo materno,  por la angustia de la madre cuando advierte su embarazo, cuando no hay convencimiento de la maternidad ni paternidad oportuna.
          El no desear un hijo es un factor de riesgo para el desarrollo afectivo del niño, para el desarrollo de su propia sexualidad, es decir de sus futuros vínculos.
       Estos problemas, de cuya gravedad no se habla,  enfrentan a la familia y más tarde a la sociedad con chicos apáticos, inestables, retraídos, desafiantes o agresivos, violentos  que disfrazan su inseguridad y angustia vital recurriendo al alcohol y las drogas o con prepotencia o simulando que nada les importa.
         El bebé necesita seguridad y estímulo para crecer, de allí emana la estabilidad emocional que es determinante esencial de una vida sana (que es lo que postula este Congreso).

         Debemos saber que:
         Los que han padecido carencias afectivas enfrentan limitaciones para construir la confianza en sí mismos, sin la que no hay salud. De allí que en la familia, en la escuela y en la sociedad nos encontremos con chicos difíciles, de tratar, de llevar. Pero lo peor es que harán una vida difícil y llevarán a su vida de adultos el vacío de sus carencias. Ya adultos, inmaduros,  no sabrán cómo dar y recibir amor.
          Estos estudios nos avisan que la aparente egolatría de algunos sujetos no es, como es fácil creer, un saludable signo de autoestima sino todo lo contrario: ellos enmascaran sus sentimientos de soledad agrediendo y desautorizando a los demás.
          Es que, por más que se considere que nada más grande que el amor de la madre,  por más que resulte doloroso admitirlo, no todas las madres han madurado su capacidad de amar, es decir no saben amar.
         Mucho menos si son inmaduras adolescentes.
           
         La madre amorosa es una madre madura.
         Su amor se muestra en cada gesto, en cada actitud. Simplemente ama porque es y ha sido amada, y desde la abundancia de su amor se lo da al hijo.
         Es una mujer que abraza al hijo, a sí misma, a la vida. A la vida, porque tiene alegría de vivir.
         La mujer que no quería tener al hijo viene cargando en su vida más o menos corta, como puede ser la de una adolescente, o con más años, como la de una mujer adulta,  dolorosos déficits afectivos que la han llevado en primer término a formar vínculos débiles y de allí a generar dentro de sí una escasa autoestima, un sentimiento de des valorización personal, de escasa autoestima, de falta de proyectos, de falta de fe en la vida, todo lo cual la hace vulnerable a los efectos de una sexualidad equivocada.
         No es de extrañar que este tipo de mujeres ante el hijo que han traído al mundo tenga actitudes de indisimulable rechazo, de ceguera afectiva.
          Por eso es dolorosamente frecuente asistir al espectáculo de mujeres que evidencian su indisposición con niños a veces muy pequeños, con su bebé o niños  más crecidos.
        La mujer que no quiso tener al hijo   lo trata mal, se irrita con sus llantos, lo sostiene con incomodidad, no sabe darle abrigo, no tiene voluntad de acariciarlo, le mezquina su compañía, le cuesta vincularse con él, sonreírle y ese divorcio será muy difícil de superar cuando el niño crezca ya que los dos primeros años  marcan de por vida.

        Por eso y ya que hablamos de salud es bueno saber que en la génesis de muchas deficiencias humanas, en las desconfianzas y celos, en la dependencia de otros a quienes se achaca la propia infelicidad porque no se asume la debida autonomía, está el haber nacido como un accidente, no ser el fruto de una relación fecunda y querida.

         Estas dolorosas consecuencias se ven agravadas cuando las  madres desesperadas, solas, abandonadas a su suerte, ingieren alcohol y drogas produciendo al feto malformaciones.

          Asistimos diariamente a situaciones de abandono, negligencia y hasta crímenes (¿no es de apenas unos días el caso de una madre que tuvo a su bebita y la arrojó al terreno vecino para que la comiera un perro?). La prensa nos da noticias de situaciones de maltrato y violencia, de penurias económicas, de desorganización hogareña, de no satisfacción de las necesidades básicas de alimentación, seguridad, bienestar, educación. Las matrices de violencia se transmiten de una a otra generación en una multiplicación alarmante.
          ¿Se tiene esto en cuenta cuando hablamos de justicia y salud? Estas situaciones tan graves, poco conocidas, reconocidas  o tenidas en cuenta debieran entrar en la consideración de quienes aspiran a una justicia y salud para todos.   
          A tanto niño nacido en condiciones adversas, a tanto maltrato infantil (4.3% en nuestro país), a tanto maltrato verbal, (9.7%),  a tanto niño abusado (0.8%), debiera responder una política de estado, de gobierno, que atienda ese problema sustancial y ataque la raíz profunda del mismo.     
    ¿Y cuál es la raíz? ¿Dónde se origina el desequilibrio personal que hace desdichadas a tantas personas y que rompe el de la vida de todos?

        Me atrevo a responder que en la falta de educación sexual.

          Educar quiere decir acá poner en palabras, en actos, en hábitos, en la conciencia lo que anda en el inconsciente, tanto individual como colectivo.      Educar es ayudar a que el sujeto advierta, se ponga en el lugar, se proyecte a las consecuencias de sus actos. Educar es avisar y como dice Cervantes “el que está avisado está armado” o, siguiendo a Alvin Tofler, hacer como el que juega bien el ajedrez, anticiparse a las jugadas, hacer los mejores movimientos  y ganar la partida.

          En cuanto a la palabra “sexual” y “sexualidad” debo decir que éstas son palabras que todavía hacen ruido y mortifican a muchos oídos. Sin embargo sexual y sexualidad son palabras  hermosas, desafiantes palabras que aluden nada más ni menos que a la vida, se entroncan con ella y vertebran una buena salud. Tanto como para decir que quien lleva una equilibrada vida sexual es psicológicamente sano y feliz y quien no lo hace es todo lo contrario, un ser desdichado que hace desdichado o desdichada a su compañero  y a su descendencia.
         
           Entonces, ¿qué es una vida sexual sana?

         La sexualidad es el campo en que se complementan, vinculan y asocian el hombre y la mujer para continuar la vida y ascender en el periplo vital de la especie que debiera ser siempre ascendente, una potenciación de fuerzas.
           La vida ha generado el señuelo del orgasmo para propiciar ese acercamiento,  un voluntario y gustoso acople para vincularse en lo más profundo, para aportar a la continuación de la vida, de sí mismos en los hijos. Sería bueno que así se entendiera, transmitiese y viviese la sexualidad que tiene ese maravilloso y, me atrevo a decir,  sagrado sentido.

         ¿Cómo no pensar en el misterio que puso alguien en la unión sexual, en el acto? Allí está dado el mayor placer al que llega el humano, el “orgasmo”, un estado de éxtasis, cuando es del bueno, que solicita su repetición, su permanencia y que solamente logra plenitud cuando el hombre y la mujer unen no sólo sus cuerpos sino también sus mentes, sus sueños, proyectos, historias y tantas coincidencias manifestadas en una inicial empatía.

         Víctor Masuch, en “La flecha del tiempo”  dice que un arquero genial disparó la flecha del tiempo hacia un tiempo infinito.
         Utilizó esa metáfora pensando que esa flecha, que lleva en una continuidad increíble a la vida, ha separado a la humanidad en hombres y  mujeres, a los que  impulsa a juntarse, a unirse en una acto muy atractivo y maravillosamente orquestado para hacer de dos separados (y ya debidamente enteros en sí mismo),  un uno que es más que dos, como dice alguna canción.
         El amor, que significa “no, muerte”, es decir “vida”,  mueve la rueda del tiempo, genera la unión, empuja al acercamiento. Vida, amor, tiempo  y sexualidad están imbricados, por lo tanto, en una misma y fuerte significación.
        Ahora bien: en el ser humano, la vida de que está dotado está destinada a desarrollarse, a crecer y tiene un espacio ilimitado para el crecimiento. Crecer es la única manera de hacer una vida sana. Y eso se da por las energías que mueven cada vida hacia un ser que  siempre va por más. Lo vemos en el niño que cambia día a día, se sienta, gatea, camina iluminado de placer por sus conquistas; lo vemos en el púber que se asombra ante los cambios corporales que desatan sus hormonas, en  el adolescente que busca dificultosamente  su identidad y en la llegada a la adultez que puede ser madura o no.
         El desafío es lograr un sano proceso de desarrollo hasta culminar en la muerte, un proceso al que uno de nuestros más importantes escritores, Juan Coletti se refiere al escribir: “Dichoso aquél que al final de la vida, puede trazar el comienzo y el fin de un círculo perfecto”.
         Mucho hay que trabajar con el ser desde que nace para lograrlo. Por eso es bueno que los estados eduquen, hagan saber temas fundamentales como que:

        Cada hombre va sorteando, subiendo, superando estadios que lo llevan  - así como lo viene haciendo el hombre genérico en su evolución-  a sostener desde un cerebro reptil, casi animal, propio del hombre de las cavernas, hasta el más evolucionado.
           El desarrollo de este cerebro al que pocos seres humanos arriban debiera constituirse en objetivo de una política educativa del estado.    Arribar a él supone elevar la sexualidad primaria, instintiva al plano de una más humana. Las consecuencias se medirán entonces en la suma de vidas más responsables de sí, más proyectadas y seguramente más felices. 

         Seguramente cuando llegue esa hora habrá menos abortos que lamentar y menos vidas humanas desperdiciadas.

         Indudablemente es ésta una acelerada muestra de una propuesta para lograr una sociedad más sana, equilibrada, feliz lo que significa una sexualidad madura, dadora de mejores frutos y con más justicia para todos.
     
                     Ojalá lo expuesto aporte a su noble intención.

                                    Gladys Seppi Fernández

Enfrentar el dictado de educación sexual


“En cinco años en la Argentina 2008 niñas menores de catorce años  tuvieron un hijo”. “Admiten que creció el abuso sexual de niños de 6 a 11 años”, son algunos de los alarmantes titulares que recientemente ha publicado La Voz del Interior.


   Ambos temas, entre tantos de cada día,  denuncian graves falencias, yerros que, como la mayoría de los que más nos preocupan, afectan los vínculos humanos que pertenecen al campo de la sexualidad.
   Sin embargo esta última palabra aún  produce escozor, y el hablar sobre los temas que a ella se refieren, que son los de la vida, es rechazado por demasiados adultos, padres muchos de ellos, por lo que es común escuchar de sus bocas frases como:
   “Creo que la educación sexual debe ser impartida en el hogar, que el tema atañe a lo íntimo y que no puede ser la escuela la encargada de hacerlo”.
   Las maestras- con quienes hemos mantenido diversos diálogos- también dan cuenta de la falta de apoyo familiar para dictar educación sexual en la escuela: “¿Hablar de ecuación sexual con los alumnos? No, yo no me atrevo a hacerlo, ¿y después qué hago con los padres que vienen a quejarse?”, o “No quiero tener problemas con los padres, ellos escuchan la palabra “sexualidad” y piensan que vamos a hablar del acto sexual y no quieren que nos ocupemos sobre el tema en la escuela, de manera que  no quiero dar esta materia, no tengo por qué pasar más disgustos”.
   Otro de los pretextos que se utilizan para postergar este tratamiento es la falta de preparación y la dificultad de encontrar los temas a desarrollar. ¡Como si no estuvieran presentes cada día y en todos los ámbitos! Como si la realidad no los brindara a manos llenas y a la vista de todos.
  Aunque los adultos de hoy no fuimos preparados para enfrentar nuestra realidad sexuada,  la realidad aprieta y vamos advirtiendo cuán profunda conexión existe entre sexualidad y vida,  de tal manera que  cuantas preguntas, observaciones, comentarios, vivencias tengamos diariamente nos remiten a hablar de los géneros, de los sexos,  de las edades del desarrollo humano, de las uniones, buenas o malas, de los resultados de esas uniones, de los desencuentros de las parejas y sus desavenencias, de los divorcios, de los hijos,   de su crianza, muchas veces de su abandono, de su mala  o buena conducción, de la felicidad, de la potenciación de fuerzas, de la violencia… porque todo lo que nos pasa, las frustraciones, las perversiones, las actitudes ante la vida, los deseos de ser más y mejor o el estado contrario, la depresión en que tantos van cayendo, dependen de cómo vivimos, de cómo hemos resuelto la herencia de los viejos mandatos y de cómo hemos aprendido y decidido  vivir nuestra sexualidad.
   Sobre los temas, entonces, no hay dudas, podemos decir que aparecen en nuestra vida cotidiana, se meten en el hogar a través de las noticias, se llevan a la escuela en los comentarios. No hay que salir a buscarlos ni cerrar las puertas del aula para decir: ahora vamos a hablar de temas ocultos, secretos, íntimos, sino que se debe soltar la mirada alrededor y allí encontrarlos.
   Los temas a tratar no permiten dilaciones. Además, los chicos están necesitando y esperando que los adultos les aclaremos con palabras y ejemplos las ideas muy confusas que tienen sobre algo que afecta su existencia, su vida sexual, sus pulsiones, la fuerza de la vida de su despertar hormonal.
   ¿Acaso deben los mayores oponerse a dialogar sobre estos asuntos? ¿Acaso desconocen el poder de la palabra, de la prevención, de la reflexión? ¿Acaso la mayoría de los padres habla de sexualidad en su hogar y en tal caso cuál es el nivel de conocimientos del que disponen para tratar el tema adecuadamente?
   ¿Han ampliado, para empezar,  su visión para sacar la palabra  “sexualidad” del marco estrecho que la limita al acto sexual, dándole el  significado amplio que la relaciona con los vínculos construidos por el ser humano a partir de los encuentros, elecciones y decisiones? ¿Han sopesado que a partir de esos vínculos se generan vidas más o menos felices o desdichadas? ¿Han realizado las necesarias autocríticas como para sacar conclusiones de cómo llevan adelante su propia relación de pareja y de padres, su propia sexualidad?
   Hacemos preguntas que deben llegar hasta el meollo y sin concesiones para descubrir si somos o no personas auténticamente felices, gozosas, maduras, optimistas, activas, satisfechas con la existencia.
  De nada valen las palabras si los adultos actuamos fragmentariamente, si hay disociación entre el decir y el obrar y no vivimos adecuadamente nuestra propia sexualidad, la que exhibe una auténtica armonía vital producto de una construcción armónica de nuestra existencia, si no somos sexualmente maduros como para vivir, ya sea  solos o en compañía en estado de plenitud.
   Si no hay paz en el hogar, si el padre o la madre violentan física o psíquicamente al compañero, si no se respetan, si cada uno hace con su vida lo que le viene en ganas porque “hay que disfrutar, pasarlo bien, gozar”,  la buena sexualidad está perdida  y esto quiere decir que también se  pierde la posibilidad de hacer una buena vida y transmitir un buen ejemplo a los descendientes. Educarlos sexualmente.

   Por otra parte: ¿Qué actitud asumen los padres cuando una hija púber les da la noticia de su embarazo? ¿Qué respuestas dan a la niña que acusa a un familiar, a un vecino, a un conocido que la ha violado? ¿Saben de los padecimientos psíquicos y físicos que afectarán a la niña o al varón de por vida a partir de la violación de su intimidad? ¿Conocen las consecuencias de las relaciones sexuales prematuras, el daño que sufre el aparato psíquico, el fracaso de un matrimonio forzado en plena etapa de inmadurez, las marcas que deja el  aborto, la importancia que tiene para la vida humana la relación de la madre con su bebé, etc.?
  Todos estos temas son motivo de estudio dentro del ámbito de la sexualidad, y para conocerlos hay que leer, prepararse, asombrarse, admirarse- primero hacerlo los mayores para poder transmitirlo a los chicos-  no sólo por la misteriosa ingeniería biogenética que va transmitiendo la vida de generación en generación sino también por el plan de desarrollo lento y progresivo que permite que los hombres crezcan, maduren, lleven al máximo sus potencialidades y cumplan con su destino logrando un estado más satisfactorio y feliz  que el que actualmente existe en tantas vidas.
   Para alentar la puesta en práctica de la educación sexual en la escuela, diremos,  que la experiencia demuestra que si bien los padres mantienen inconscientemente una forzada resistencia al abordaje del tema sexual, cuando advierten la buena conducción de alguien preparado, bien orientado como debe serlo un buen docente, dejan de lado sus prevenciones y desconfianza y hasta agradecen que alguien haga lo que ellos no se atreven o no saben hacer.
   Será la adecuada preparación, el saber, la investigación sobre los misterios hasta ahora inexplorados de la sexualidad lo que vendrá a dar respuestas a tantas incógnitas sobre el comportamiento humano en relación al género a que se pertenece, fortaleciendo en el docente la convicción de que es  necesario que se dedique sin demora al estudio compartido con sus alumnos, convencido, esta vez, de que es ineludible y elevada esta misión,  esta nueva responsabilidad que se le ha encomendado.
  Asumir con coraje y convencimiento el dictado de una materia esencial es el desafío actual. No existe asignatura que tenga tanta conexión con la vida, que proporcione temas  de mayor interés por su contacto con la realidad y que merezcan ser desarrollados porque de ellos dependen vidas, estados de satisfacción o depresión y hasta muertes prematuras provocadas por una elección errada y vínculos signados por sentimientos negativos como celos, desconfianzas, deseos de dominación…estados de inmadurez que deben ser superados.
  Ha llegado el momento de enfrentar el dictado de educación sexual, con responsabilidad, con una base de adecuados conocimientos, convencimiento y, por sobre todo,  con auténtico y sano entusiasmo.
   Entonces puede darse la  posibilidad de que dentro de un tiempo los titulares de nuestros diarios hablen de la disminución de embarazos de adolescentes y de niños abusados, entre otros males que la educación sexual está destinada a prevenir y corregir. 

                                            Gladys Seppi Fernández

                                        Autora de “Curso de educación sexual”

Posiciones opuestas en educación sexual

¿Nos atreveremos a educar o nos limitaremos a instruir? ¿Nos decidiremos por la demagogia del “prohibido prohibir” o nos arriesgaremos a decir “no” cuando corresponda? Gladys Seppi Fernández. 28/04/2011 00:01 | Gladys Seppi Fernández (Autora del libro “Curso de educación sexual”)
La educación sexual en Córdoba, que debe responder a la obligatoriedad establecida en la ley nacional 26.150, se debate actualmente entre diversas posiciones, que generan distorsiones y crean confusión e incertidumbre en el docente sobre el sentido que debe dar a una materia que le resulta muy difícil de integrar, abarcar holísticamente y, como consecuencia, dictar. ¿Difícil? Sí, sobre todo cuando hemos asistido a resonantes equívocos en su enfoque.
Los adultos no hemos recibido una educación que profundizara y permitiera reconocer, por ejemplo, el sentimiento verdadero del amor, el que exalta y busca el acercamiento, y culmina su expresión en la unión sexual, oponiéndolo al enamoramiento, emoción pasajera inicial que acomete con fuerza, anula y ciega, de modo tal que puede llevar a cometer yerros traumáticos (embarazo adolescente).
Hubo rotundos cambios y bien sabemos los adultos cuán necesitados están ahora nuestros adolescentes de conocimientos que les permitan armarse de sus propias respuestas en el reacomodo de una edad que los llevará, o no, a lograr una personalidad sólida.
Actitud docente. Dejando a un lado a los que descreen totalmente de los beneficios y se oponen con franqueza al tratamiento de la sexualidad en la escuela; a los que son totalmente indiferentes y a los que consideran políticamente inconveniente impulsar la educación sexual, destacamos las dos posiciones opuestas que se definen en la actualidad:
Permisivos. Son los que, comprendiendo las urgencias sexuales de la población adolescente, asumen actitudes de total permisividad ante una sexualidad vivida sin barreras, transmitiendo a los adolescentes, eso sí, los conocimientos necesarios para que eviten riegos de enfermedades y embarazos indeseados. Esta posición indulgente y permisiva, conquista, como es natural, muchos adeptos y parece ser la que triunfa en la escuela.
Reflexiva. En una posición opuesta, se encuentran los que sostienen que la educación sexual es mucho más que instruir sobre métodos anticonceptivos y que ha llegado la hora de comprender que el verdadero control, el que vale la pena ganar, es el que brinda los conocimientos, la reflexión a la que se llega por la educación, cuya misión fundamental es despertar la conciencia, la admiración, el respeto y el cuidado por la vida, el amor, el otro. Así, por la reflexión, se desactivan los impulsos que atan al individuo a lo más primario. En esta educación sexual integradora, se considera fundamental, por ejemplo, incorporar, entre otros temas, el análisis del papel materno en la formación del ser, la influencia vital de su transmisión amorosa y positiva o de la angustia y sinsabor que se transmite al esperar a un hijo indeseado, como sucede en el caso de tantas adolescentes o mujeres adultas mal preparadas.
Por el camino del conocimiento y la reflexión, sin represión, los menores pueden y deben llegar a comprender que una sexualidad promiscua destruye el gozo de vivir y da lugar a traumas psicológicos profundos.
La revolución de la década de 1960 generó dolor y depresión. ¿No habrá llegado el momento de iniciar una contrarrevolución sexual que ponga las cosas en su lugar, que se atreva con los verdaderos nombres y la importancia de formar vínculos fuertes basados en una sexualidad sana? ¿Nos atreveremos a educar o nos limitaremos a instruir? ¿Nos decidiremos por la demagogia del “prohibido prohibir”, ganando dudosas simpatías, o nos arriesgaremos a poner límites, a decir “no” cuando corresponda hacerlo?

Enfrentar el dictado de educación sexual


Ojalá que 2011 nos encuentre 
mejor dispuestos para esa tarea. Gladys Seppi Fernández.
19/11/2010 00:01 | Gladys Seppi Fernández (Autora del libro “Curso de educación sexual”)

“En cinco años, 2.008 niñas menores de 14 años tuvieron un hijo en la Argentina”; “admiten que creció el abuso sexual de niños de 6 a 11 años”. Éstos son algunos de los alarmantes titulares que recientemente publicó La Voz del Interior .

" Los Docentes No Leen "


La nota publicada por LA VOZ DEL INTERIOR con el título:

“ Mucha TV y pocos libros”, en referencia a datos presentados por el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación, (Iipe)- UNESCO, y comentada por algunos medios televisivos sobre la escasa dedicación de los docentes a la lectura, asistencia a bibliotecas, museos, conferencias y cursos de temáticas diversas, es decir muestras de interés por cultivarse, seguir investigando, actualizarse y crecer, ha desatado interesantes debates.

¿ Que los docentes no leen? ¿ A qué se refiere ese “ no leer” cuando muchos consideran que, colmados de circulares, nuevas disposiciones, producciones de los mismos alumnos y textos que deben transmitir pasan horas decodificando- en muchos casos descifrando- textos?

Ese argumento, utilizado por algunos profesionales de la educación y afirmado por otros que confiesan: “cuando llego a mi hogar digo basta a tanto leer”, nos lleva a preguntarnos a qué tipo de lectura se refiere la UNESCO en su estudio.

¿ Acaso se refiere a los textos informativos que los maestros y profesores están mínimamente obligados a conocer para transmitir información y conocimientos, o, se refiere, en cambio, a la lectura formativa, nutricia, seleccionada de acuerdo a gustos y necesidades internas que van más allá de lo puramente aplicable en el aula y que puede hacerse leyendo buenos textos cualquiera sea su soporte, aún de la TV?

Consideramos que éste es el punto en que debe centrarse la discusión, porque a lo que la Encuesta se refiere, es, sin dudas, al consumo cultural del docente en relación a la formación de su mundo sujetivo y su impacto en su tarea formadora.

LO QUE DICEN LOS DOCENTES

Los docentes, en general, pero sobre todo los de las escuelas primarias- que son los más cuestionados por el estudio- se han defendido aduciendo que no leen por diversas causas: escasez económica para comprar libros, falta de tiempo, desgaste físico y falta de fuerzas después del arduo trabajo con los chicos como para salir nuevamente de su hogar y asistir a centros irradiadores de cultura. También hablan de falta de estímulos “ al final no se valora ni a los creativos, ni a los que saben más o enseñan mejor”, se escucha.

Nosotros, padres, familiares, amas de casa, los que estamos al otro lado de la escuela pero lamentamos la situación de anomia en que ha caído la formación de los niños y adolescentes, intentamos aportar a la problemática nuestra propia visión.

LOS DOCENTES, PARTE DE NUESTRA REALIDAD

¿Que los docentes no leen? ¿Por qué habría de extrañarnos?

¿ Acaso no son ellos, también, habitantes de un país en el que la mayoría no lee, no busca información, descree o ni siquiera se pregunta sobre los beneficios formadores de la buena lectura?

¿Acaso no se habla de la muerte del libro- de los libros formativos, de los buenos textos, de las publicaciones de excelencia? ¿Acaso no se multiplican, en cambio, las páginas llamadas “ amarillas “, publicaciones que distraen la atención que demanda la realidad describiendo y narrando vidas ajenas, caras y cuerpos bonitos, argumentos chismosos, andanzas frívolas que bien pueden entretener pero que sólo distraen del paso del tiempo, sumergen en la pasividad, enajenan del propio sentido? Y acaso, por fin, ¿no debemos confesar que la TV, reina de la casa, cada vez más llamativa, estruendosa, gigantesca y metida en los hogares, ha hecho presas, a las mayorías, de su fascinante mediocridad?

¿Por qué entonces ha de pedirse a los docentes que escapen a su encantamiento, a los argumentos de novelas que sobrecogen las emociones con sus recursos tan bien estudiados para mantener el suspenso, distraer la atención y hasta la voluntad de actuar? Y si se trata de noticieros, ¿no es verdad que cada día son más llamativos, estruendosos, condensadores de lo malo sucedido y por suceder como para sacudirnos y hacernos sentir que por suerte estamos vivos?

Lo que algunos docentes - los menos- han confesado es que prefieren ver por horas TV a la lectura de un buen libro, de una página de opinión, de un texto reflexivo.

LO QUE LOS BUENOS LIBROS ENSEÑAN

Ana Quiroga en su libro “ Matrices del aprendizaje” aporta- a quienes lean sus inteligentes páginas- análisis que bien pudieran ser utilizados para explicar por qué en nuestro país la mayoría no tiene desarrollado el hábito de la lectura, fenómeno que involucra, lamentablemente, a quienes, por ser profesionales de la educación, debieran ya haberlo incorporado, como condición básica de su formación.

La autora habla de lo que llama “matrices de aprendizaje”, diciendo que el pensamiento y comportamiento humanos responden a una “matriz o modelo interno de aprendizaje que es la modalidad con la que cada sujeto organiza y significa el universo de su experiencia y sus conocimientos”.

Siguiendo su aporte podemos decir que esos modelos o matrices se construyen a lo largo de nuestra trayectoria como seres biológicos, emocionales y sociales y pueden ser estructuras cerradas- lo cual perjudica y disminuye las capacidades de su portador pudiendo constituirse en graves patologías- o en cambio ser abiertas, en movimiento continuo y dispuestas a permanentes modificaciones. Además pueden ser de orden individual o social por lo que podemos hablar de “matrices de comportamiento argentino”, por ejemplo.

Es indudable que la realidad actual, construida bajo el síndrome del cambio permanente, necesita de matrices de pensamiento abiertas y dispuestas a adecuarse y responder a las exigencias cada día mayores del contexto.

Sin embargo, ¿ha formado, la misma escuela de la que egresan nuestros docentes, mentalidades para esa necesaria adaptación? ¿Son los docentes personas dispuestas a cambiar, lo que significa crecer permanentemente?

Consideramos que el autoritarismo que ha imperado en la escuela argentina, la lección repetida, la negación de la creatividad, el nivelar “para abajo”, han formado mentalidades poco dispuestas a las transformaciones.

Por otra parte, la cultura del zafar, “ zafar y pasar, zafar en los exámenes”, la “ viveza criolla que sigue reinando entre nosotros, haciéndonos creer que es de vivos esforzarse lo menos para aprobar, rendir exámenes rogando

“que nos toquen las pocas bolillas estudiadas”, esa mala costumbre de

“estudiar para la nota, la maestra o el profesor” que nos viene de la tradición, de la política del acomodo, de la recomendación, del hacerla fácil que ha alimentado la misma complicidad familiar, son un manojo de malos hábitos que han viciado la conducta de los argentinos en general y hecho de la matriz ciudadana de las mayorías una disposición al facilismo, una negación del esfuerzo.

Además, el Estado, tradicionalmente demagogo y clientelista, conserva y sigue alimentando esa matriz receptora, pasiva, y en demasiados casos, parasitaria, en la que se ha grabado, a fuego, la idea de que no hay para qué esforzarse.

CÓMO SALIR DE ESA MATRIZ

No es de extrañar, entonces, que el docente, subsumido en la realidad de las mayorías, se resista a un acto que, como lo exige la lectura, demanda esfuerzo.

En el silencioso acto de leer, sobre todo textos en que el pensamiento se eleva y las ideas nos sobrevuelan, se requiere el ejercicio que suele resultarnos más difícil: el de la introspección.

Cada palabra, oración, párrafo, las llamadas micro estructuras van formando para el lector nuevas visiones, otras perspectivas, emociones, vivencias, reflexiones cargadas de sabiduría, obligándolo, a una macrovisión en la que ubique su propia existencia.

La buena lectura nos lleva a ser nosotros mismos, a despertar del letargo impuesto por la sociedad consumista, permitiéndonos ser protagonistas creativos de una nueva realidad que sólo los buenos libros pueden transmitir.

Por eso, leer un buen texto, debe ser una acción surgida desde dentro de uno mismo, de acuerdo a las auténticas necesidades y preferencias- no impuestas por el mercado editorial y el marketing.

De esa manera vamos dando con textos que, desde cualquier soporte- un diario, una revista, un libro, un artículo de Internet, parece escrito para uno, nos habla a nosotros mismos, se incorpora a nuestro universo personal y lo dilata. Lo llena de luz.

Por eso Jaim Etcheverry, autor de “La tragedia educativa”, puede decir:

“No leo para saber más, leo para saber vivir”.

Por eso leemos hasta en un graffiti: “Leer es vivir acompañado”.

Por eso Borges pudo declarar: “No se llega a ser por lo que se escribe sino por lo que se lee”.

El llamado de una palabra, una película, una conferencia, una reflexión de los comunicadores televisivos o radiales, cualquier texto de la humana comunicación, puede operar la mágica apertura de matrices cerradas a lo nuevo, descubrir paradigmas, estimular el deseo de seguir creciendo.

Por lo tanto, los docentes que estén dispuestos a sumarse al hábito de leer, ganarán en su calidad de vida, en su condición de educadores y podrán pararse frente al aula, los padres y aún ante las autoridades educativas y políticas con la seguridad y solvencia que otorga una auténtica formación intelectual y espiritual.

Gladys Seppi Fernández


La lectura de un artículo publicado por LA VOZ DEL INTERIOR, nos acerca, por ejemplo, a las advertencias que Giovanni Sartori, sociólogo italiano que ha ganado la última edición del premio PRÍNCIPE DE ASTURIAS con su libro “ Homo videns”, hace en él sobre la TV como “ piratería financiera que nos ahoga”, afirmando que “el hombre que mira la televisión en exceso pierde la capacidad de entender la realidad que aparece deformada por la pantalla” El reconocido sociólogo acusa a los medios porque no informan sino deforman la realidad. La mayor parte de los programas, envilecidos por un criterio e interés puramente comercial no aportan a la formación de la persona.

En este libro- de gran difusión en su país, Italia, y en el mundo entero- Sartori acomete contra los empresarios que se adueñan de los medios de comunicación, seduciendo a las mayorías, induciendo inescrupulosamente al consumo adormilante y estupidizante , y “ que se enriquecen y consolidan con la propiedad de los canales y ajustan sus programas con estudios de audiencia que responden- cada vez en más pronunciada caída- a lo más fácil y bajo del hombre, lo que se supone la cultura y evolución ya debiera haber superado.

La lectura de libros como éste operan como el necesario sacudón que saca del estado de sugestión que invade a las mayorías. Pero , ¿ a quienes? A quienes leen, un diario, un artículo de reflexión, un libro cuidadosamente elegido.


“ No es joven quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos. Quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

No es joven, - y realmente es viejo- quien hace de la televisión su gurú. Quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Quien no lee, quien no encuentra gracia en sí mismo, quien no se deja ayudar, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, quien no pregunta sobre un asunto que desconoce…

Si te vas a calentar que sea al sol; si vas a engañar que sea a tu estómago; si vas a llorar que sea de alegría; si vas a mentir, que sea la edad; si vas a robar, que sea un beso , si vas a perder, que sea el miedo, Y si existe hambre que sea de amor. Si es para ser feliz… que sea todo el tiempo”. - Pablo Neruda”